Un equipo de investigadores ha logrado detectar la ráfaga rápida de radio más lejana y antigua jamás registrada, una señal bautizada como FRB 20240304B que viajó durante aproximadamente 11.000 millones de años antes de alcanzar nuestro planeta. El fenómeno, que emitió en apenas unos milisegundos más energía que la que genera el Sol en un año entero, fue captado inicialmente por el radiotelescopio MeerKAT, situado en Sudáfrica.
La detección no solo marca un hito en la astronomía observacional al duplicar el alcance previo de estos destellos cósmicos, sino que también ofrece pistas fundamentales sobre la materia intergaláctica y el origen de las propias ráfagas. El estudio detallado fue publicado en la revista Science, consolidando datos que se habían presentado de forma preliminar en conferencias científicas anteriores.
El recorrido y el telescopio clave
La señal se originó cuando el universo contaba con unos 3.000 millones de años de edad, lo que equivale aproximadamente a una quinta parte de su cronología actual y sitúa su corrimiento al rojo (redshift) en torno a 2,15, según los datos difundidos por los equipos científicos. Para poder rastrear con precisión el punto exacto de procedencia, los astrónomos recurrieron al telescopio espacial James Webb, cuyos instrumentos de infrarrojo cercano permitieron identificar la galaxia anfitriona. Estas observaciones espaciales se complementaron posteriormente con datos obtenidos desde la superficie terrestre mediante los telescopios Keck, ubicados en Hawái, y MMT, en Arizona.
A lo largo de su prolongado trayecto a través del cosmos, el pulso de ondas de radio atravesó vastas extensiones de gas ionizado y nubes de polvo interestelar. La interacción de la señal con estos elementos a lo largo de cerca del 80 por ciento de la historia cósmica provoca modificaciones medibles en la onda, permitiendo a los expertos analizar la composición y distribución de la materia que encontró en su camino hacia la Tierra.
Una galaxia anfitriona inesperada y la hipótesis de los magnetares
La galaxia desde la cual se emitió el destello resultó ser un sistema enano muy tenue, de dimensiones reducidas y caracterizado por una baja concentración de elementos más pesados que el hidrógeno y el helio, lo que evidencia que se trata de un entorno joven. No obstante, los análisis demostraron que registra una tasa muy elevada de creación estelar, un fenómeno conocido como brote estelar que llamó poderosamente la atención de la comunidad astronómica.

Este contexto singular fortalece las teorías en torno al origen de las ráfagas rápidas de radio, vinculándolas tradicionalmente con los magnetares, que son estrellas de neutrones dotadas de campos magnéticos extremos. Existen principalmente dos hipótesis sobre la formación de los magnetares: por un lado, la fusión de estrellas de neutrones más veteranas; por otro, la muerte violenta de estrellas jóvenes y masivas en regiones con alta actividad estelar. Las características de la galaxia anfitriona descubierta respaldan de manera especial esta segunda vía.
Pese a la relevancia del hallazgo, los propios investigadores advierten que las conclusiones se fundamentan por el momento en un único evento, por lo que la relación directa entre las FRB y los magnetares sigue sin resolverse de forma definitiva. Con las herramientas actuales demostrando su capacidad para explorar distancias sin precedentes, el objetivo de la comunidad científica es continuar la búsqueda de señales similares procedentes de épocas aún más remotas, acercándose al momento en el que surgieron las primeras estrellas del universo.
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