La clave para una diplomacia efectiva reside en conectar con la audiencia local, según el embajador de Georgia en Japón, Teimuraz Lezhava. Si bien puede destacar el vino georgiano y el shkmeruli (un delicioso plato de pollo cremoso con ajo), enfatiza la importancia de la conexión cultural.
“La mitad de mis publicaciones tratan sobre Japón y no tienen nada que ver con Georgia”, afirma. Lo fundamental, según explica, es adoptar la cultura local cotidiana, utilizar el idioma, viajar fuera de la capital y mantener un tono informal, evitando los típicos comunicados sobre la asistencia del embajador a cumbres y reuniones con funcionarios.
Esta estrategia no es exclusiva de países con presupuestos limitados. El exembajador de Estados Unidos en Tokio, Rahm Emanuel, dejó de lado su reputación de político duro para promocionar en redes sociales los atractivos de Japón, desde sus trenes hasta la seguridad de sus calles. Incluso se involucró en temas políticos, provocando a Pekín, lo que le ganó el favor de la población local, aunque generó tensiones con la administración de Joe Biden.
Se trata de una herramienta de poder blando que muchos países suelen pasar por alto. El recién nombrado embajador de Japón en Francia, Hideo Suzuki, está prestando atención a esta tendencia, acumulando más de 2 millones de visualizaciones en una publicación en francés donde se le ve comiendo un gofre azucarado. “Uno se pregunta si es el embajador de Japón en Francia o el embajador de Francia en Francia”, comentó un usuario.
Por lo tanto, la recomendación para los diplomáticos es clara: adopten un peluche, una cerveza y, sobre todo, muestren entusiasmo por los productos locales. La diplomacia moderna comienza aquí.
