Durante 16 años, Iveta ha lidiado con los síntomas de la distonía vegetativa, una condición relacionada con el mal funcionamiento del sistema nervioso que puede afectar tanto el bienestar físico como emocional. Esta condición se manifiesta de manera muy diversa en cada persona. Algunos experimentan una inquietud constante, mientras que otros sufren ataques repentinos de ansiedad, palpitaciones, mareos, fatiga o incluso temblores corporales. Iveta también ha experimentado síntomas similares. “No tuve ataques agudos, pero sí ansiedad, una sensación extraña en el cuerpo, y a veces, temblores”, revela.
Sorprendentemente, los baños de invierno se han convertido en un apoyo inesperado. “No sé cómo funciona desde un punto de vista científico, pero por lo que siento, me ayuda. Después de nadar, me siento más tranquila y mi mente más clara”, explica. “Cuando entras en agua fría, dejas de pensar en el trabajo o en los problemas. Te concentras únicamente en la respiración y en las sensaciones. Es como un reinicio de la cabeza”, comparte.
