Nuevas investigaciones arrojan luz sobre las diferencias en la experiencia del dolor entre hombres y mujeres. Estudios recientes sugieren que las hormonas, en particular el estrógeno, juegan un papel crucial en la mayor prevalencia y duración del dolor crónico en las mujeres.
Investigadores de la UCSF descubrieron que el estrógeno activa vías previamente desconocidas en el colon, lo que puede desencadenar dolor y aumentar la sensibilidad intestinal a ciertos alimentos. Experimentos en ratones machos, a los que se les administró estrógeno para simular los niveles femeninos, mostraron un aumento en la sensibilidad al dolor intestinal, equiparándose a la de las hembras.
Estos hallazgos no solo explican la mayor incidencia de trastornos del dolor intestinal en mujeres, como el síndrome del intestino irritable (SII), sino que también abren nuevas vías para el desarrollo de tratamientos más efectivos. La investigación sugiere que las dietas bajas en FODMAP, que eliminan ciertos alimentos fermentables, podrían ser beneficiosas para algunos pacientes con SII, y que los síntomas intestinales de las mujeres a menudo fluctúan con sus ciclos menstruales.
Además, estudios previos han demostrado que las hormonas sexuales influyen en la percepción del dolor a nivel periférico y central, incluso desde el útero. Las variaciones hormonales a lo largo del ciclo menstrual pueden afectar la intensidad de las señales de dolor, y la terapia hormonal de reemplazo (TRH) en mujeres posmenopáusicas se ha asociado con el desarrollo de condiciones dolorosas, como el dolor de espalda y la disfunción de la articulación temporomandibular (ATM).
Los expertos enfatizan que comprender la compleja relación entre las hormonas y el dolor es fundamental para abordar las disparidades de género en la atención del dolor y mejorar la calidad de vida de las mujeres que sufren de dolor crónico.
