Antes de donar sangre, es fundamental verificar si se cumplen con los requisitos necesarios para garantizar un proceso seguro y efectivo.
La donación de sangre es un procedimiento seguro accesible a personas que pesan más de 50 kilogramos y tienen un índice de masa corporal (IMC) superior a 18,5 kg/m². Además, los donantes deben tener entre 18 y 65 años o más, y no presentar alteraciones en sus análisis de sangre.
Es importante destacar que ciertas condiciones pueden impedir temporalmente la donación, como la presencia de tatuajes recientes, perforaciones, viajes internacionales recientes, infecciones como la gripe o el resfriado, o incluso una extracción dental reciente. Asimismo, la infección por SARS-CoV-2 también puede ser una contraindicación temporal.
De forma permanente, la donación de sangre está restringida para personas con hepatitis B o C, o para aquellos que son portadores del VIH, debido al riesgo de transmisión de estas enfermedades a través de la vía sanguínea.
Para ser un donante apto, es necesario mantener una alimentación saludable y equilibrada, evitando el consumo de alimentos grasos al menos cuatro horas antes de la donación. También se recomienda no haber ingerido bebidas alcohólicas en los tres días previos, ni haber fumado en las dos horas anteriores al procedimiento.
La donación de sangre es un proceso rápido, que no excede los 30 minutos, y contribuye significativamente a salvar vidas. La sangre donada puede utilizarse en diversas formas, incluyendo la transfusión de sangre completa, plasma, plaquetas o hemoglobina, según las necesidades del receptor.
Las personas con sangre tipo O son consideradas donantes universales, ya que su sangre no produce reacciones en los receptores, permitiendo su donación a personas de cualquier tipo sanguíneo.
