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Educación Estonia: Hacia un aprendizaje profundo y significativo

by Editora de Negocio

El desarrollo del capital humano exige un esfuerzo tanto por parte del estudiante como del sistema educativo, aunque estas iniciativas deben ser significativas y respaldadas, según apunta Karín Väli.

Un reciente informe sobre el desarrollo del potencial humano en Estonia señala que la educación se encuentra en un punto de inflexión: el modelo educativo tradicional está quedando obsoleto, mientras que uno nuevo aún está en proceso de formación. Este análisis no es una crítica al pasado, sino un diagnóstico del presente. Durante décadas, el sistema escolar se ha estructurado en ciclos temporales cortos y estrictos: 45 minutos por materia, seguidos de un timbre y un cambio rápido a la siguiente. Este ritmo proporcionaba estructura, disciplina y resultados medibles.

Sin embargo, la cuestión ya no reside únicamente en los resultados, sino en la calidad y la relevancia del aprendizaje.

Actualmente, se espera que los estudiantes profundicen en los temas, desarrollen pensamiento creativo y sean capaces de establecer conexiones. No obstante, a lo largo de la jornada escolar, deben alternar entre seis y ocho asignaturas diferentes, adaptándose cada 45 minutos a un nuevo ritmo y a nuevas exigencias. Esta constante reconfiguración de la atención puede favorecer la memorización de datos, pero no siempre promueve una comprensión profunda. Cuando el aprendizaje se reduce a llenar espacios de tiempo, desaparece la posibilidad de la reflexión, una habilidad que será fundamental en el futuro.

Aquí reside la diferencia entre el modelo antiguo y el nuevo.

Si realmente consideramos necesaria una formación más profunda, debemos replantear la organización del proceso de aprendizaje. Bloques de estudio más largos (clases de 75-80 minutos) son una posible respuesta a este dilema. La clave no está en cambiar la cantidad de minutos, sino en crear las condiciones para una inmersión profunda y progresiva. No se trata de elegir entre 45 o 80 minutos, sino de determinar si la escuela fomenta el pensamiento integral o se mantiene en un ritmo fragmentado que prioriza la cobertura del temario sobre la comprensión.

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El informe sobre el desarrollo del potencial humano en Estonia recuerda que el verdadero problema de la educación ya no es la falta de conocimientos, sino la pérdida de la alegría por aprender, la presión psicológica en los jóvenes y el agotamiento de los docentes. Un horario escolar basado en cambios constantes de atención y en la mera ocupación del tiempo aumenta la carga tanto para los estudiantes como para los profesores. Un ritmo más pausado e integral puede ayudar a reducir la presión innecesaria, a recuperar el sentido del aprendizaje y a brindar más espacio para la concentración, el debate y el trabajo significativo.

Es necesario establecer prioridades. ¿Qué es más importante: cubrir la mayor cantidad de material posible o desarrollar la capacidad de comprensión? Si nos limitamos a “cubrir” el programa escolar sin cuestionar el porqué y el para qué de lo que aprendemos, el debate será superficial. La esencia de la educación no reside en una lista de temas, sino en la formación del entendimiento.

El mayor riesgo no es probar nuevas formas de aprendizaje, sino continuar trabajando con el ritmo habitual, incluso sabiendo que ya no se ajusta a las demandas del futuro.

De hecho, bloques de estudio más largos ya se aplican en los niveles superiores de enseñanza secundaria, donde se consideran una práctica habitual. La pregunta es si nos atrevemos a aplicar la misma lógica de forma generalizada. A menudo subestimamos a los niños y adolescentes, asumiendo que no son capaces de concentrarse durante mucho tiempo o de afrontar los desafíos. Esta actitud puede convertirse en una profecía autocumplida: si esperamos menos, es probable que se logren menos resultados.

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La alegría de aprender y la exigencia no son opuestas. Las personas necesitan objetivos, esfuerzo y, a través de ellos, una sensación de logro. Si siempre elegimos el camino más fácil ante una tarea difícil, no reducimos la carga, sino que nos privamos de la oportunidad de desarrollarnos. El desarrollo requiere esfuerzo tanto del estudiante como del sistema, pero estos esfuerzos deben ser significativos y respaldados.

Este punto de inflexión no implica que el sistema anterior fuera malo, sino que el mundo ha cambiado. La atención de los estudiantes, su carga psicológica y el entorno informativo actual son diferentes a los de hace 30 años. Al mismo tiempo, ha evolucionado el mercado laboral. El desarrollo tecnológico del siglo XX redujo la necesidad de trabajo físico, mientras que el desarrollo actual afecta al trabajo intelectual. La inteligencia artificial es cada vez más capaz de realizar tareas que requieren análisis, procesamiento de datos y toma de decisiones rutinarias, roles que antes eran el punto de partida de la vida profesional de los jóvenes.

Esto significa que la ventaja competitiva actual no reside en el conocimiento de datos o en la repetición de soluciones estándar, sino en la capacidad de sumergirse profundamente, de ver las conexiones, de evaluar críticamente las situaciones y de generar nuevas soluciones. Estas habilidades no se desarrollan con una atención fragmentada.

La educación no debe adaptarse a una capacidad de concentración cada vez menor, sino desarrollarla. Si la escuela se resigna a las interrupciones constantes de la atención, solo refuerza este hábito. Si, por el contrario, la escuela crea las condiciones para una inmersión profunda, forma habilidades que ningún algoritmo podrá reemplazar.

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Este punto de inflexión es el momento de decidir si continuamos trabajando con un esquema seguro y conocido o si elegimos conscientemente un camino que requiere mayor claridad y valentía. La cuestión no es la cantidad de minutos, sino si estamos educando a los jóvenes para que simplemente se adapten o para que desarrollen la capacidad de comprender y transformar el mundo.

De esta elección depende si la escuela formará jóvenes capaces solo de responder preguntas o aquellos que son capaces de formular nuevas.

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