Las relaciones entre Estados Unidos e Israel han sido excepcionalmente estrechas durante décadas, aunque persisten diferencias estratégicas y tácticas, especialmente en lo que respecta a Irán.
La cooperación entre ambos aliados es fundamental para las negociaciones que Estados Unidos mantiene con Irán, programadas para el martes 17 de febrero de 2026 en Ginebra. Se espera la participación del enviado especial de Estados Unidos para Oriente Medio, Steve Witkoff, y del yerno del presidente Donald Trump, Jared Kushner, por la parte estadounidense, mientras que el ministro de Asuntos Exteriores, Abbas Araghchi, representará a Irán.
Tanto Estados Unidos como Israel comparten el objetivo de evitar que Irán se convierta en una potencia nuclear y continúe expandiendo su influencia regional. Sin embargo, sus intereses y métodos difieren significativamente, discrepancias que se han acentuado a raíz de las protestas masivas de enero y febrero de 2026, reprimidas con violencia en Irán.
Percepción común de la amenaza, prioridades divergentes
Estados Unidos e Israel coinciden en que el programa nuclear y de misiles de Irán, así como su red de milicias aliadas en la región, representan amenazas clave para la seguridad. Según el analista político Reza Talebi, no existe un desacuerdo fundamental en este punto. Ambos países buscan impedir que Irán desarrolle armas nucleares y aumente su influencia en Oriente Medio.
Las diferencias radican en la forma de alcanzar este objetivo. Para Estados Unidos, la prioridad es lograr un nuevo acuerdo con Irán, utilizando una estrategia de “máxima presión” que combina sanciones económicas con disuasión militar.
Israel, por su parte, concede menor importancia a la consecución de un acuerdo con Teherán y cuestiona su viabilidad. El gobierno israelí considera problemático tanto el posible contenido de un acuerdo como la capacidad de Irán para cumplirlo a largo plazo.
La estrategia estadounidense: la presión como herramienta de negociación
Shokriya Bradost, analista especializada en política exterior y seguridad en Oriente Medio, explica que la política estadounidense hacia Irán se centra en lograr un nuevo pacto. “Para obligar a Teherán a sentarse a la mesa de negociaciones, Washington recurre a sanciones económicas masivas, especialmente a las ventas de petróleo iraní”, afirma la experta, radicada en Washington. El objetivo es agotar sistemáticamente los ingresos del régimen y limitar su capacidad de maniobra económica, induciendo a Irán a hacer concesiones significativas sin desencadenar un conflicto regional a gran escala.
Los medios militares desempeñan un papel secundario en esta estrategia, sirviendo principalmente como elemento disuasorio. Un posible “cambio de régimen”, o un ataque militar a gran escala, se considera un último recurso para Washington, que rechaza las guerras prolongadas y la ocupación de Irán, según Bradost.
La perspectiva israelí: presión y exigencias contundentes
Israel adopta una postura más radical. El domingo, durante un discurso en Jerusalén, Netanyahu reafirmó la posición israelí: cualquier acuerdo con Irán debe incluir no solo la limitación del enriquecimiento de uranio, sino también el desmantelamiento de su infraestructura nuclear y la eliminación de las reservas de uranio enriquecido. Además, Netanyahu expresó su escepticismo sobre la capacidad de Irán para cumplir sus compromisos en un acuerdo con Trump.
Mientras Washington apuesta por una presión gradual, Israel aboga por una decisión rápida. Netanyahu teme que un posible cambio de administración en Estados Unidos pueda fortalecer la posición de Irán. Por ello, Israel pide una intervención estadounidense más decidida, incluso de carácter militar si fuera necesario.
“Estas diferencias también deben entenderse en un contexto más amplio. Los viajes de Netanyahu a Washington no se limitan a la política sobre Irán, sino que también buscan mejorar la imagen internacional de Israel”, señala Talebi. El prestigio internacional de Israel se ha visto afectado en Estados Unidos y Europa, lo que reduce la disposición de Washington a respaldar incondicionalmente una acción militar israelí contra Irán.
Para Estados Unidos, la estabilidad regional y global es una prioridad mayor. Washington debe considerar no solo a Israel, sino también a sus aliados europeos, la situación en los mercados energéticos y el riesgo de una escalada regional. Desde la perspectiva estadounidense, un acuerdo limitado con Irán puede ganar tiempo y evitar conflictos mayores, aunque no resuelva todas las preocupaciones de seguridad de Israel.
(rmr/ms)
