A principios de 2026, el gobierno de los Estados Unidos publicó la actualización de sus directrices alimentarias, un documento que guía las políticas públicas y las recomendaciones nutricionales del país. Sin embargo, la nueva versión se estrenó rodeada de controversia, especialmente debido a la reformulación de la pirámide alimentaria, ahora presentada boca abajo.
En la cima de la pirámide invertida se encuentran la carne roja, el huevo, la leche y la mantequilla, mientras que los cereales ocupan la parte inferior, una inversión simbólica que generó confusión sobre las prioridades y los límites nutricionales.
El cambio visual se difundió rápidamente en las redes sociales, con publicaciones de influencers e incluso profesionales de la salud interpretando el nuevo diseño como una señal verde para dietas bajas en carbohidratos y altas en proteínas, con un aumento del consumo de carnes, lácteos enteros y grasas.
Pero la ilustración, por sí sola, no refleja el contenido técnico del documento. “La imagen puede causar cierta confusión, pero en las recomendaciones aún prevalece el límite del 10% del total de calorías diarias para las grasas saturadas”, comenta el nutriciólogo Celso Cukier, del Hospital Israelita Einstein.
Existen numerosas evidencias de que exceder este tipo de ácido graso conduce a enfermedades cardiovasculares.
“El consumo excesivo se asocia con un aumento del colesterol LDL, una partícula que aumenta el riesgo de aterosclerosis y otras enfermedades cardiovasculares”, advierte la nutricionista Milena Gomes Vancini, coordinadora de la consulta de nutrición en el sector de cardiopatía hipertensiva, lípidos, aterosclerosis y biología vascular de la Unifesp (Universidad Federal de São Paulo).
El pasado 7 de enero, la Asociación Americana del Corazón publicó un comunicado expresando su preocupación por el posible estímulo a los excesos en el consumo de carnes y lácteos enteros.
Aunque no es necesario eliminar por completo las grasas saturadas de la dieta diaria, es importante priorizar las insaturadas, presentes en el aceite de oliva, el pescado, las semillas como el lino y la chía, y el grupo de frutos secos, que incluyen castañas, nueces, almendras, entre otros. Las grasas son indispensables para el organismo, ya que participan en la síntesis de hormonas, la absorción de vitaminas y la composición de las membranas celulares, por ejemplo. Aún así, el equilibrio es esencial, consumiendo fuentes de grasas saludables y en cantidades adecuadas para cada persona.
Contenido proteico
Otro punto polémico de la pirámide invertida de los Estados Unidos es la recomendación de proteínas. En ella, se destacan la carne de res, el pollo y el salmón, mientras que el frijol aparece discretamente y el guisante está junto a las frutas y verduras.
Hasta ahora, la prescripción de este macronutriente era de 0,8 g de proteína por kilogramo de peso corporal diariamente; ahora, la cantidad varía entre 1,2 y 1,6 g/kg/día. La directriz también orienta que el nutriente se consuma en todas las comidas.
“Esta recomendación más elevada de proteína proviene de la nutrición deportiva, pero puede no ser adecuada para la población en general”, observa el nutricionista Carlos Eduardo Haluch, coordinador de posgrado de la Uniguaçu (Unión de Enseñanza Superior del Iguazú).
De hecho, varios estudios señalan una relación entre el exceso de proteínas de origen animal y las enfermedades crónicas. “Las fuentes de proteína vegetal, por otro lado, presentan efectos protectores”, subraya Haluch.
Entre los mayores representantes se encuentran las leguminosas, un grupo que incluye todos los tipos de frijoles (negro, carioca, blanco, rojo, rosita, fradinho) y guisantes, lentejas, garbanzos, soja y altramuz, por ejemplo. Además de su contenido de aminoácidos, los componentes proteicos que son aliados de la musculatura, todos estos alimentos ofrecen vitaminas, sales minerales, compuestos bioactivos de acción antioxidante y fibra, las guardianas del intestino.
Restricción de carbohidratos?
Hablando de fibra, es el diferenciador en la parte dedicada a los carbohidratos. De hecho, a diferencia de lo que muchos dicen, no fueron prohibidos por completo. “Pero la directriz reduce el protagonismo de los tipos refinados, sobre todo de los productos clasificados como ultraprocesados”, afirma Vancini. Los cereales azucarados del desayuno, las galletas, el pan, la pasta y otros productos que llevan harina blanca son ejemplos.
“Existe un consenso científico, desde hace mucho tiempo, sobre la importancia de elegir carbohidratos complejos, provenientes de fuentes integrales, con un menor grado de procesamiento”, resalta la nutricionista de la Unifesp. El arroz, la avena, el trigo y sus derivados, principalmente en formato integral, pueden, sí, formar parte de la dieta dentro de un contexto equilibrado.
La sugerencia de la directriz es de dos a cuatro porciones diarias. Recordando que las frutas –presentes en la cima de la pirámide– también ofrecen el nutriente que garantiza la energía.
Comida de verdad
Para Cukier, el mensaje principal de la nueva directriz es: consume comida de verdad. “El incentivo es cambiar, buscar una alimentación más natural, con mayor espacio para los vegetales”, dice. Según el médico del Einstein, se trata de una estrategia fundamental para el sistema de salud estadounidense, que tiene casi la mitad de la población con problemas relacionados con la obesidad, como la diabetes y otras enfermedades inflamatorias crónicas.
Aunque la directriz aporta buenas recomendaciones, sobre todo al indicar hortalizas, frutas, cereales integrales y similares, destacando la calidad de la dieta y no la cantidad de calorías, en Brasil ya existe un modelo a seguir. “Nuestra guía alimentaria aporta información más basada científicamente”, defiende Haluch.
Lanzado en 2014 por el Ministerio de Salud, el manual destaca que la alimentación es más que la mera ingesta de nutrientes, y que es preciso tener en cuenta la combinación, el modo de preparación y las características culturales. Todo aderezado con el sabor de ingredientes típicamente nacionales.
