Un estudio realizado por el equipo del profesor David Clark, de psicología clínica de la Universidad de Oxford, ha confirmado la eficacia de la terapia cognitivo-conductual (TCC) en el tratamiento del trastorno de pánico.
La investigación consistió en un estudio aleatorio controlado con aproximadamente 60 pacientes, en el cual se compararon durante 12 semanas los efectos de la terapia cognitivo-conductual, las técnicas de relajación y el tratamiento farmacológico. Los resultados revelaron que el grupo tratado con TCC presentó una reducción más significativa tanto en la frecuencia de los ataques de pánico como en los niveles de ansiedad. Asimismo, se observó que la mejora de los síntomas tendió a mantenerse después de finalizar el tratamiento.
La terapia cognitivo-conductual no se limita a disminuir la ansiedad, sino que se centra en abordar la conexión entre las reacciones físicas recurrentes y el estado de ansiedad. Durante el proceso, se examina el proceso cognitivo en el que el paciente interpreta señales como el aumento del ritmo cardíaco o la dificultad respiratoria como señales de peligro inmediato. Al confirmar que estas reacciones difieren de una amenaza real, se logra debilitar el patrón automático que vincula los cambios físicos con el miedo.
Debido a que la naturaleza y la intensidad de los síntomas varían según la persona, el tratamiento se adapta a las necesidades de cada paciente, pudiendo integrarse el tratamiento farmacológico si es necesario.
Organismos de salud, como el Servicio Nacional de Salud (NHS) del Reino Unido, recomiendan buscar asesoramiento médico cuando los síntomas de pánico se vuelven recurrentes o cuando el temor a sufrir un ataque interfiere en la vida cotidiana.
