El uso de medicamentos para bajar de peso ha aumentado significativamente en los últimos años. Según una investigación realizada por el CFF (Consejo Federal de Farmacia) y el Instituto Datafolha, el 24% de los brasileños ya ha utilizado alguna sustancia para perder peso. En este contexto, muchas personas están logrando reducir su peso sin necesidad de incluir ejercicio físico estructurado o mejorar su dieta.
La báscula muestra resultados, la ropa queda más holgada y el objetivo parece finalmente alcanzado, pero algo importante se está dejando de lado. Según la Dra. Clarissa Rios, médica, educadora física y CEO de DoctorFit, el cuerpo no solo pierde grasa cuando no hay un estímulo muscular adecuado, sino que también pierde masa magra, fuerza y capacidad funcional.
“La pérdida de peso sin ejercicio puede generar un cuerpo metabólicamente más vulnerable y estructuralmente más débil, y comienzan a surgir quejas como ‘adelgacé, pero me siento más débil’, ‘adelgacé pero estoy flácida’”, afirma Clarissa.
A pesar de que el cuerpo esté más ligero, las tareas simples comienzan a requerir más esfuerzo, sumado a la disminución de la disposición, los dolores aparecen con más frecuencia y la sensación de falta de fuerza corporal se hace presente.
“Al perder peso sin realizar entrenamiento de fuerza y estímulo muscular, puede ocurrir una reducción significativa de la masa magra, una disminución de la fuerza y la resistencia, un mayor riesgo de dolores y lesiones, un empeoramiento de la movilidad y un compromiso de la autonomía a mediano y largo plazo. El músculo no es solo estética, sostiene las articulaciones, protege contra lesiones, mejora el equilibrio y mantiene el metabolismo activo”, complementa la especialista.
¿Es posible adelgazar sin flacidez?
Además de la pérdida de fuerza y rendimiento físico, Clarissa llama la atención sobre otro punto poco discutido: el impacto metabólico y conductual de la pérdida de peso sin movimiento. Cuando el paciente no asocia el proceso a un cambio activo de estilo de vida, tiende a ver el resultado como algo externo, dependiente solo del medicamento. Esto debilita el mantenimiento a largo plazo y aumenta el riesgo de efecto rebote.
Sin el estímulo del ejercicio y con la pérdida significativa de la musculatura, el cuerpo también reduce su gasto energético basal, lo que puede dificultar la estabilidad del peso después de la interrupción del tratamiento. Otro aspecto relevante es la relación con la propia percepción corporal. Según la especialista, perder peso sin desarrollar capacidad física puede generar una desconexión entre apariencia y rendimiento.
“La persona ve un cuerpo más pequeño en el espejo, pero no se siente más capaz. No corre mejor, no tiene más disposición, no se siente más activa. Esto impacta la autoestima y la confianza funcional”, comenta Rios. El resultado es una pérdida de peso que altera las medidas, pero no necesariamente mejora la calidad de vida.
El ejercicio físico tiene un papel que va más allá de la composición corporal, consolida la pérdida de peso como una transformación estructural. Al entrenar, el paciente no solo está quemando calorías, sino que está enseñando al cuerpo a sostener el nuevo peso con eficiencia, vitalidad e independencia. Perder peso debería significar ganar libertad, no depender permanentemente de un recurso externo.
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