El conocido doble umbral consiste en realizar dos sesiones de entrenamiento en el umbral en el mismo día, generalmente separadas por varias horas. El objetivo no es aumentar la dificultad, sino fraccionar el estrés.
En lugar de una única sesión muy exigente, se distribuye el esfuerzo para:
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mantener una intensidad precisa,
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preservar la técnica y la economía de carrera,
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evitar desviaciones hacia zonas de intensidad excesiva.
Cada sesión permanece controlada, a menudo con el uso de herramientas objetivas como la medición del lactato, la frecuencia cardíaca o sensaciones muy calibradas. La acumulación genera una carga importante, pero sin provocar fatiga excesiva a corto plazo.
Volumen elevado, intensidad controlada: la clave real
Un punto recurrente en el enfoque noruego es la importancia del volumen. El doble umbral no sustituye a la resistencia fundamental, sino que la complementa.
Los atletas noruegos acumulan un número considerable de horas de entrenamiento a baja intensidad. El umbral es simplemente una capa adicional, utilizada con moderación pero de forma regular.
Esta lógica contrasta con el popular “no pain, no gain” (“sin dolor no hay ganancia”), aún presente en algunas culturas deportivas. Aquí, el dolor no es un fin en sí mismo. Si el entrenamiento impide entrenar al día siguiente, se considera mal calibrado.
Un enfoque científico… pero no deshumanizado
Si bien el método noruego se basa en datos, no olvida el factor humano. Las sensaciones, la recuperación, el sueño, la nutrición y el estado mental se integran en la ecuación.
El seguimiento es constante y los ajustes frecuentes. El objetivo no es “cumplir el plan a toda costa”, sino adaptar el entrenamiento en función de la respuesta del atleta.
Esto también hace que el método sea difícil de transponer tal cual: sin supervisión, mediciones fiables y experiencia, el riesgo de mala interpretación es real.
