El destino suele manifestarse de maneras inesperadas, y el caso del defensa del Barcelona, Eric García, es un claro ejemplo de ello.
Hace apenas 12 meses, el exjugador del Manchester City sopesaba silenciosamente una de las decisiones más difíciles de su carrera.
Su futuro en el Barcelona se presentaba incierto, con un rol poco definido y minutos limitados en el campo.
Para un defensa en plena etapa de madurez deportiva, la situación era insostenible, y la posibilidad de abandonar el club dejaba de ser una idea lejana para convertirse en una real alternativa.
En ese momento de la temporada, García tenía dificultades para hacerse un hueco en la alineación titular bajo la dirección de Hansi Flick.
El técnico alemán apenas lo había utilizado durante los primeros meses, y la competencia por un puesto en la defensa era intensa.
Paralelamente, el Girona, club donde García ya había recuperado la confianza durante una cesión anterior, mostraba un gran interés en incorporarlo de forma permanente.
La oferta resultaba atractiva para el jugador, no solo a nivel emocional, sino también profesional, ya que le ofrecía regularidad, un rol claro y la confianza del cuerpo técnico.
Sin embargo, lo que ocurrió a continuación cambió por completo el rumbo de su carrera en el Barcelona.
Un giro inesperado
El punto de inflexión llegó durante un partido de alta presión contra el Benfica. García recibió una oportunidad y no la desaprovechó.
Mostrando calma con el balón, precisión en el posicionamiento y una comunicación constante durante todo el encuentro, ofreció una actuación que recordó a todos por qué el Barcelona lo había fichado en primer lugar.
No se trataba únicamente de defender bien, sino de control, liderazgo y una comprensión profunda del ADN futbolístico del club.
Tras el partido, Flick mantuvo una conversación privada con el jugador, en la que le aseguró que formaba parte de sus planes y que el club no deseaba su marcha. Esta conversación resultó decisiva.
En lugar de aceptar la propuesta del Girona, García optó por quedarse y luchar por su puesto. A partir de ese momento, su estatus dentro del equipo cambió radicalmente.
Un jugador indispensable
El defensa no solo regresó a la rotación, sino que se convirtió en una pieza fundamental.
Semana tras semana, Flick confió en él, y García respondió con consistencia y madurez.
Hoy en día, es uno de los jugadores más fiables del Barcelona y un titular indiscutible. Su racha actual de 50 partidos consecutivos con el club habla por sí sola.
El último partido que se perdió fue, precisamente, otro enfrentamiento contra el Benfica el 5 de marzo. Desde entonces, ha participado en cada uno de los encuentros.
Las estadísticas subrayan aún más su importancia. La temporada pasada, García disputó los últimos 19 partidos, siendo titular en nueve de ellos.
En la presente campaña, su influencia ha alcanzado un nuevo nivel. El Barcelona ha jugado 31 partidos en todas las competiciones hasta la fecha, y García ha estado presente en todos ellos.
Más importante aún, ha sido titular en 27 de esos partidos, entrando desde el banquillo solo en cuatro ocasiones. Estos no son los números de un jugador de plantilla, sino de un pilar fundamental.
Como resultado, la confianza de Flick en García se formalizó en diciembre, cuando el defensa firmó una extensión de contrato hasta 2031.
Un jugador único

Más allá de los números y los elogios, el mayor valor de García reside en su versatilidad.
Naturalmente un defensa central, ha demostrado que puede adaptarse a múltiples roles sin comprometer su rendimiento.
Flick lo ha utilizado con frecuencia como doble pivote, confiando en su inteligencia, posicionamiento y capacidad para leer el juego.
En ese rol, García ofrece control y equilibrio, y muchos observadores creen que proporciona una opción diferente, e incluso más estable en algunos contextos tácticos, que Frenkie de Jong.
Defensivamente, su flexibilidad sigue dando una ventaja al Barcelona, ya que García ha suplido la ausencia de Jules Kounde en la banda derecha, demostrando también ser fiable en la izquierda.
Dondequiera que juegue, el nivel se mantiene alto. Esa fiabilidad lo ha convertido en una de las soluciones más confiables para Flick, un jugador que resuelve problemas discretamente sin generar titulares.
