Durante años, la promesa de un tratamiento dental ha servido como fachada para una estafa organizada. El Tribunal Superior de Justicia de Castilla y León ha ratificado la condena impuesta por la Audiencia Provincial de Valladolid a los responsables de una trama que utilizaba la financiación de tratamientos bucodentales como excusa para obtener préstamos personales a través de documentación fraudulenta.
Esta operativa, que se prolongó en el tiempo, ha afectado a decenas de personas y ha causado un perjuicio económico considerable a diversas entidades financieras.
Entre los condenados se encuentra Rubén A.R, conocido por su implicación en el asalto a una vivienda en la plaza de Circular, donde falleció una anciana, y que ya había sido sentenciado a once años y medio de prisión por homicidio e intento de robo.
El TSJCyL ha desestimado el recurso presentado y ha confirmado la condena para doce acusados por delitos continuados de estafa y falsedad en documento mercantil. Las penas varían entre los nueve meses y los cuatro años y tres meses.
La sentencia, emitida por la Sala de lo Civil y Penal del TSJ con sede en Burgos, destaca el papel fundamental del principal acusado, propietario de una clínica dental en Valladolid, quien actuó en colaboración con otras personas como captadores.
El modus operandi era consistente: se contactaba con personas en situación económica vulnerable, a menudo sin ingresos fijos o con dificultades para acceder a créditos, y se les ofrecía financiación para tratamientos dentales que, en muchos casos, nunca se realizaban.
Para asegurar la aprobación de los préstamos por parte de los departamentos de riesgo de los bancos, la red elaboraba o manipulaba nóminas, declaraciones de la renta, informes de vida laboral y otros documentos para simular una capacidad económica que no existía.
Una vez obtenido el crédito, el dinero se dividía entre el principal acusado y el prestatario. A partir de ese momento, el préstamo dejaba de ser pagado, y la deuda recaía sobre personas que ya se encontraban en una situación de vulnerabilidad.
Las operaciones fraudulentas se llevaron a cabo principalmente entre 2016 y 2017 con entidades como Deutsche Bank, Santander Consumer Finance, Banco Cetelem, Cofidis y Caja Rural.
En algunos casos, los montos de los préstamos superaban los 20.000 euros, y las deudas se incrementaban rápidamente una vez que se incurría en mora. El tribunal señala que, para dar una apariencia de legalidad al proceso, incluso se incluían seguros vinculados a los créditos, con el objetivo de evitar sospechas iniciales.
El TSJ ha rechazado el recurso de apelación presentado por uno de los condenados, quien alegaba errores en la valoración de las pruebas y solicitaba la aplicación de una atenuante por dilaciones indebidas.
La Sala respalda firmemente el trabajo de la Audiencia Provincial y subraya que la condena se basa en pruebas “plurales, suficientes y razonadamente valoradas”, que incluyen documentación bancaria, informes del Grupo de Delincuencia Económica de la Policía Nacional y testimonios recogidos durante el juicio oral.
El tribunal otorga especial importancia a las contradicciones detectadas en las declaraciones de algunos acusados, así como a la trazabilidad documental de los préstamos y a la comparación entre los datos reales de cotización y los documentos presentados a las entidades financieras.
Considera que las explicaciones ofrecidas por las defensas fueron meramente exculpatorias y no lograron refutar la solidez de las pruebas presentadas.
La sentencia también descarta la existencia de dilaciones indebidas en el procedimiento. Si bien reconoce la prolongación temporal de la causa, la Sala la atribuye a la complejidad de la investigación, al elevado número de implicados y a las diversas incidencias procesales, concluyendo que no hubo paralizaciones injustificadas imputables al órgano judicial.
Con esta resolución, el Tribunal Superior de Justicia confirma las penas de prisión impuestas a los condenados, las responsabilidades civiles establecidas a favor de las entidades perjudicadas y define con claridad cómo la necesidad de un tratamiento dental fue utilizada como cebo en una estafa organizada.
Este caso pone de manifiesto, una vez más, cómo la financiación sanitaria puede convertirse en un terreno propicio para el fraude cuando se combinan la vulnerabilidad de las personas, la falta de transparencia y la falsificación de documentos.
