La posibilidad de un cierre del Estrecho de Ormuz ha generado una alerta en el mercado petrolero. Esta preocupación surge en un contexto global donde el suministro de energía ya se encuentra bajo presión, y cualquier interrupción en una vía marítima tan crucial podría tener consecuencias significativas para los precios del petróleo y la economía mundial.
El Estrecho de Ormuz es una ruta marítima estratégica que conecta el Golfo Pérsico con el Océano Índico, y por él transita una proporción considerable del petróleo mundial. Según estimaciones de Reuters, al menos 150 petroleros, incluyendo buques de crudo y productos derivados del petróleo, se encuentran anclados en aguas abiertas, posiblemente como precaución ante un posible cierre.
Esta situación se produce en un momento en que Estados Unidos ha autorizado la reventa de petróleo venezolano a Cuba, específicamente al sector privado de la isla. Esta medida, anunciada por el Tesoro estadounidense el 26 de febrero de 2026, podría tener implicaciones en el flujo de petróleo en la región, aunque su impacto directo en el Estrecho de Ormuz no está claro.
Además, el mercado global de Gas Natural Licuado (GNL) está experimentando una creciente “geopolitización”, según análisis recientes. Si bien las exportaciones de GNL de Qatar siguen siendo vulnerables a la inestabilidad regional que podría interrumpir el transporte a través del Estrecho de Ormuz, las operaciones de GNL de Estados Unidos parecen menos expuestas.
El aumento de la producción de GNL, que se espera supere el aumento de la demanda en 2026 por primera vez en años, podría ayudar a mitigar algunos de los riesgos asociados con las interrupciones en el suministro de petróleo. Sin embargo, los precios más bajos podrían incentivar el cambio de combustible y, potencialmente, aumentar la demanda a largo plazo.
