Un aumento en el gasto de defensa por parte de Europa podría tener implicaciones significativas para Estados Unidos. Si los países europeos incrementaran su inversión en seguridad, Washington podría reducir su propio gasto destinado a la defensa del continente.
Esta situación podría traducirse en una menor carga financiera para los contribuyentes estadounidenses en relación con la OTAN. Además, se podría observar una disminución en el despliegue de tropas y equipamiento militar de Estados Unidos en territorio europeo.
En última instancia, estas medidas podrían contribuir a una reducción de los costos a largo plazo para Estados Unidos.
