A los 27 años, un artista logró una nominación al Grammy. Pero detrás de ese reconocimiento, se esconden más de 100 canciones rechazadas, un camino lleno de obstáculos y dudas.
¿Qué habría pasado si se hubiera rendido con la décima canción? ¿O con la quincuagésima? ¿O incluso con la nonagésima novena? La respuesta es clara: nunca habría llegado a crear la obra que lo catapultó a la fama.
Para el público, esa nominación pudo parecer un “gran éxito” repentino. Sin embargo, fue el resultado de años de trabajo invisible, rechazos, aprendizajes, noches en vela y, en ocasiones, la incertidumbre de si estaba perdiendo el tiempo.
La idea del “éxito de la noche a la mañana” es, casi siempre, una ilusión. Y no se limita a la música. Podemos verlo en otros ámbitos: las primeras 50 publicaciones pueden obtener solo 12 “me gusta”, pero la 51 puede traer un cliente valioso. Las primeras 3 startups podrían fracasar, pero la cuarta podría venderse por millones. Las primeras 15 entrevistas de trabajo podrían ser infructuosas, pero la número 16 podría ser el trabajo de tus sueños.
La diferencia entre el momento en que el mundo reconoce el éxito y los años de esfuerzo previo reside en la persistencia. Es como el primer panqueque, que casi siempre sale mal.
Así que, la clave está en seguir adelante, seguir creando y seguir mostrándote. Porque el trabajo que nadie ve es precisamente el que hace posible el éxito que todos admiran.
