Una imagen que circula en redes sociales muestra a un hombre, aparentemente proveniente de una obra de construcción, ingresando a un banco con tres bidones llenos de monedas. Algunos medios de comunicación difundieron esta evidente manipulación digital como un hecho real.
La difusión de esta falsa noticia generó satisfacción en algunos usuarios, quienes parecían celebrar una supuesta “venganza” contra los empleados bancarios, obligados a contar una gran cantidad de monedas.
Si bien el avance tecnológico es inevitable, esta situación pone de manifiesto una preocupante falta de criterio y pensamiento crítico. La facilidad con la que se propagan noticias falsas revela una disminución en nuestra capacidad de discernimiento.
Incluso personas con un nivel educativo considerado promedio caen en estas trampas. Esto plantea interrogantes sobre el enfoque de la educación actual.
Se cuestiona la relevancia de materias como la trigonometría en la vida cotidiana. ¿Cuántas personas realmente utilizan el tangente y el cotangente en su día a día? Quizás sería más útil incorporar asignaturas que preparen a los jóvenes para los desafíos del mundo moderno.
Por ejemplo, educación financiera para evitar el endeudamiento con créditos rápidos tras finalizar los estudios. Alfabetización digital para identificar imágenes, textos y música generados por inteligencia artificial. Fomentar el pensamiento crítico, la lógica, el conocimiento de los derechos y obligaciones, la estructura del estado y la división de poderes. Además, es crucial mejorar la cultura de la salud, ya que las nuevas generaciones muestran preocupantes niveles de desconocimiento en este ámbito. No es sorprendente que busquen soluciones en herramientas como ChatGPT.
Y, fundamentalmente, promover la cultura de la información.
Existe una carencia de higiene informativa. La antigua creencia de que “si lo dijo la televisión, es verdad” ha sido reemplazada por “lo leí en Facebook”.
Estos son estándares básicos para el mundo actual, independientemente de si nos gusta o no.
En lugar de celebrar una situación ficticia, como la de un hombre depositando bidones de monedas en un banco, sería más sensato informarse sobre nuestros derechos como ciudadanos en este complejo proceso de transición del lev al euro.
