Buenas noticias para los defensores de los derechos de los animales: las pruebas de nado forzado, un controvertido método utilizado en estudios sobre depresión y ansiedad, están bajo escrutinio. Según nuevas directrices de las autoridades reguladoras, esta prueba, que consiste en sumergir a roedores en recipientes de agua de los que no pueden escapar, ya no debería utilizarse para modelar la depresión o investigar los mecanismos de la ansiedad y su tratamiento.
Desde 1994, se han publicado 69 artículos basados en esta prueba por institutos irlandeses, lo que demuestra su uso extendido en la investigación. Sin embargo, organizaciones de bienestar animal y la comunidad científica han expresado su preocupación sobre la pertinencia de continuar con este tipo de experimentos.
People for the Ethical Treatment of Animals (PETA) ha estado presionando activamente para que se prohíba esta práctica, argumentando que causa un sufrimiento innecesario a los animales. En enero, PETA envió una carta a la Autoridad Reguladora de Productos Sanitarios (HPRA) solicitando una acción inmediata para prohibir su uso.
En respuesta, Gráinne Power, directora ejecutiva de la HPRA, informó que la organización solicitó asesoramiento al Comité Nacional para la Protección de los Animales utilizados con fines científicos (NCPA) para determinar si existía una “justificación” para incluir la prueba en las solicitudes de proyectos en Irlanda. El asesoramiento, recibido en diciembre de 2025 y publicado el 6 de febrero de 2026, concluyó que la prueba no debería autorizarse para los fines mencionados.
Si bien el NCPA reconoce que podría justificarse su uso para la selección de tratamientos antidepresivos, insiste en que su uso debe reducirse y revisarse periódicamente. Además, recomienda que los investigadores consulten con su comité de ética y veterinario designado antes de incluir esta prueba en sus propuestas.
PETA ha celebrado esta decisión como una “victoria para los animales”. Julia Baines, jefa de política científica de PETA, afirma que lo único que demuestra la prueba de nado forzado es que “causa un sufrimiento inmenso a los animales y no contribuye a mejorar el tratamiento de la salud mental en humanos”. La organización se compromete a seguir luchando hasta que se prohíba por completo.
