A partir del lunes 19 de enero, Davos, en los Alpes suizos, será nuevamente el epicentro de la economía y la política mundial al albergar la 56ª edición del Foro Económico Mundial (WEF). Durante cinco días, líderes empresariales y políticos de todo el planeta buscarán estrategias para navegar un contexto internacional complejo y en constante transformación.
Se espera la participación de más de 2.000 asistentes, incluyendo a decenas de jefes de Estado y de Gobierno. La seguridad del evento estará garantizada por un despliegue de cerca de 5.000 efectivos militares y policiales, un sofisticado sistema logístico y el control de aproximadamente 50 kilómetros de espacio aéreo. La seguridad del expresidente estadounidense Donald Trump, quien se espera que participe presencialmente, será un punto clave en este operativo.
Según información publicada por el Financial Times, el gobierno de Estados Unidos habría ejercido presión sobre los organizadores del Foro para excluir temas considerados “sensibles” del programa de 2026. Funcionarios estadounidenses habrían solicitado evitar o limitar debates relacionados con el empoderamiento femenino, la diversidad, el cambio climático y la financiación para el desarrollo, áreas que Trump ha criticado abiertamente por considerarlas contrarias a los intereses de su país.
Los organizadores del WEF, en lo que describen como un “momento crucial”, buscan mantener la tradición del Foro como un espacio de diálogo entre representantes de diferentes geografías, sectores económicos y generaciones. Bajo el lema “Un espíritu de diálogo”, la reunión se articulará en torno a cinco desafíos globales: la cooperación en un mundo polarizado, la identificación de nuevas fuentes de crecimiento, la inversión en el capital humano, la implementación responsable de la innovación y la búsqueda de prosperidad dentro de los límites del planeta. Reconocen que los cambios en los mercados y la incertidumbre geopolítica están redefiniendo las reglas del comercio internacional.
Foro en un contexto de desafíos
La edición de 2024 representa un desafío significativo para el Foro, que cumple 55 años de existencia y ha enfrentado recientemente una profunda crisis interna. El futuro del WEF dependerá de su capacidad para atraer a figuras clave del mundo empresarial y político, y para recuperar la confianza perdida a raíz de esta crisis.
En octubre de 2025, la plataforma suiza Swissinfo publicó un artículo titulado “El declive de Davos: ¿logrará sobrevivir el Foro Económico Mundial?”. El artículo, basado en un análisis del Financial Times, detalla un informe investigativo que reveló serias acusaciones de malversación de fondos y abuso de personal durante la gestión de Klaus Schwab como director ejecutivo del WEF.
Si bien la investigación formal exoneró a Schwab, fundador y figura histórica del Foro, el informe, según el artículo, “marcó el final del lento y doloroso desmoronamiento del legado de Schwab y de la propia institución”. Se argumenta que la crisis interna del Foro refleja el declive del orden multilateral que Schwab defendía, poniendo fin a una era de integración global, optimismo de mercado e institucionalismo liberal, que tuvo en Davos su máxima expresión.
El Foro, enfrentando crisis internas y un debilitamiento externo, se encuentra en un momento de incertidumbre. Podría estar ante el mayor desafío desde su fundación en 1971, debido a obstáculos como el retroceso de la globalización, la desconfianza generalizada hacia las élites y la transición en el liderazgo de Klaus Schwab. El mundo de 2025, según se concluye, es radicalmente diferente: la economía global está fragmentada, la política climática influye en las agendas nacionales y las nuevas tecnologías desafían la visión del futuro.
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Movilizaciones ciudadanas
A pesar de la disminución de la capacidad de convocatoria del movimiento “altermundialista”, surgido en torno al Foro Social Mundial de Porto Alegre, las voces críticas hacia Davos continúan presentes y se manifiestan de diversas formas. Se han convocado protestas frente al Centro de Convenciones de Davos durante las sesiones del Foro, así como la “Huelga contra Davos”, que tuvo lugar el fin de semana previo a la apertura del WEF.
A pesar de las restricciones impuestas por las autoridades locales, grupos altermundialistas mantienen la tradición de llegar a la sede del evento tras recorrer largas distancias por caminos nevados y difíciles.
“Nuestra marcha”, afirman los convocantes de La Huelga, una iniciativa que agrupa a organizaciones de diversos países europeos, “es un llamado a la justicia global”. Se declaran comprometidos con la justicia social, un mundo donde todos tengan acceso a una vida digna y una economía centrada en las necesidades de las personas.
Paralelamente, en Zúrich se reunirá “El Otro Davos”, con un enfoque en las “respuestas antimilitaristas a la escalada de las tensiones y las guerras imperialistas, así como en la solidaridad internacionalista con Palestina”. Los convocantes del encuentro en Zúrich sostienen que, tras décadas de políticas económicas neoliberales, se observa un aumento de las injusticias sociales, el empobrecimiento de la población y una crisis de la democracia liberal, aprovechada por la extrema derecha. Además, señalan la erosión de los logros de los movimientos feministas y el aumento de la incitación al odio y la militarización.
Diversos grupos juveniles y anticapitalistas han convocado una manifestación en las calles de Berna el 17 de enero. Entre el 23 y el 30, también en Berna, se llevará a cabo el “Tour de Lorraine”, una movilización con actividades políticas, sociales y culturales en un barrio alternativo de la capital suiza. El lema de la convocatoria es: “¡Formen pandillas coloridas! ¡Fortalezcan la resistencia en solidaridad! ¿Cansado del ambiente de crisis? ¡Ya es hora de unir fuerzas!”. Los organizadores enfatizan la importancia de la solidaridad cotidiana, la sostenibilidad y la justicia global.
El mundo se enfrenta a un nuevo paradigma que cuestiona el modelo multilateral actual y sus instituciones. En este contexto, iniciativas como el Foro de Davos, que durante medio siglo han proporcionado fundamentos ideológicos al sistema, se encuentran en crisis. Estos interrogantes y desafíos son también relevantes para el movimiento altermundialista, que sigue considerando a Davos como un símbolo de denuncia, convencido de que solo la movilización ciudadana puede lograr rectificaciones a una tendencia mundial peligrosa y contribuir a un planeta más justo, sostenible y en paz.

