Emilienne, de 41 años, experimentó su primera crisis de gota hace 8 años. El intenso dolor articular la impulsó a cambiar su estilo de vida. “Tomé la decisión de empezar a cambiar, primero con mi alimentación, haciendo actividad física. Con el seguimiento de mi médico de cabecera, he cambiado muchas cosas”, reconoce Emilienne Brothers, paciente que padece gota.
Durante una crisis de gota, los niveles de ácido úrico en el cuerpo se elevan bruscamente. Como resultado, los cristales de ácido úrico alojados en las articulaciones se solidifican y provocan dolores intensos.
En su día a día, Cathy Theis, enfermera, recibe a los pacientes y realiza análisis de sangre, análisis de orina y pruebas oculares.
Se ha puesto en marcha un estudio médico completo, totalmente gratuito y anónimo, para avanzar en la investigación. “Al final, creo que nos orientaremos hacia nuevas terapias, nuevos tratamientos. Al principio, pensábamos que la gota era realmente alimentaria, las proteínas animales que se consumen mucho aquí, nos dimos cuenta de que también era genética”, explica la enfermera.
En el consultorio del doctor Métral, al menos un paciente se ve afectado por esta enfermedad cada día. “Nuestro papel, como médicos de cabecera, es trabajar realmente en la prevención. Después, los tratamientos preventivos a veces se vuelven indispensables para evitar las crisis”, precisa Camille Métral, médico de cabecera.
Si bien la gota a menudo se asocia con la alimentación y el sedentarismo, también tiene un origen genético.
Estudio comparativo regional
Es precisamente en este aspecto en lo que se centra el estudio Fenua Metabogout, que espera reunir a cerca de 2.000 participantes para abril. “Ya permite realizar un estado de la situación genética, pero no solo eso, a nivel de la gota, sino también de la diabetes, la obesidad y las enfermedades cardiovasculares”, detalla Fleur Deshogues, enfermera y coordinadora del estudio Fenua Metabogout. “Se requiere tener entre 18 y 75 años, tener al menos un abuelo polinesio, nos centramos realmente en la población polinesia, hombres y mujeres, todos son bienvenidos”.
Este estudio se pondrá en relación con otros trabajos realizados sobre la gota en la cuenca del Pacífico, en particular en Nueva Caledonia, Nueva Zelanda y Samoa.
Regardez le reportage de Mélisse Chongue :
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