En Groenlandia, la defensa del territorio ancestral se manifiesta con fuerza ante los posibles intereses de Estados Unidos. Manifestantes se congregaron frente al consulado estadounidense en Nuuk, la capital groenlandesa, para expresar su firme oposición a cualquier intento de adquisición de la isla.
“Esta tierra nos fue prestada por la naturaleza, y la hemos cuidado y protegido durante generaciones. Ni siquiera una suma incalculable de dinero podría hacernos renunciar a ella”, declaró Jens Keldsen, de 70 años, uno de los activistas que lidera las protestas diarias frente al consulado. A su lado, Aviak Brandt, de 44 años, se une a la resistencia, recordando que Groenlandia no es un simple “trozo de hielo”, sino una tierra habitada por un pueblo con una larga historia y un profundo vínculo con su entorno.
Las protestas se intensificaron tras el aumento de las especulaciones sobre un posible interés del presidente Trump en adquirir Groenlandia. Los groenlandeses, conscientes de su valor y de su derecho a la autodeterminación, han respondido con una movilización masiva para defender su territorio. Brandt, miembro de la comunidad inuit, enfatiza que su voz debe ser escuchada y que Estados Unidos debe respetar su voluntad.
Estados Unidos reabrió su consulado en Groenlandia en 2020, después de haberlo cerrado en 1953, tras una breve ocupación durante la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo, para muchos groenlandeses, esta reapertura representa una amenaza a su soberanía y a su forma de vida. “Nosotros tenemos la responsabilidad de proteger esta tierra que nos ha sido prestada por la naturaleza y legarla a nuestros descendientes”, afirma un consultor local, padre de familia, quien rechaza rotundamente la idea de vender Groenlandia, incluso a cambio de una fortuna.
El sistema de bienestar social de Groenlandia, que incluye educación universitaria gratuita y atención médica accesible, es otro motivo de orgullo para sus habitantes. “Tenemos un sistema de seguridad social mucho mejor que el de Estados Unidos. ¿Acaso nos quieren comprar?”, se pregunta el consultor, destacando que la sociedad groenlandesa valora más el cuidado mutuo que la acumulación de riqueza.
La resistencia continúa, incluso los domingos, con la esperanza de que el presidente Trump reconsidere su interés en Groenlandia. Jens Keldsen, quien llegó a la isla en 1979 como soldado danés y se enamoró de una mujer inuit, se une a la protesta portando las banderas de Groenlandia, las Islas Feroe y Dinamarca, simbolizando la unidad de los pueblos nórdicos. “Los enemigos externos son menos peligrosos que los internos”, lamenta Keldsen, decepcionado por la actitud de un aliado como Estados Unidos.
En las calles de Nuuk, la oposición a Trump se manifiesta también a través de carteles que vinculan al expresidente con el caso de Jeffrey Epstein, el financiero acusado de tráfico sexual de menores. La imagen de Trump junto a Epstein, acompañada del mensaje “NATO Yes, Pedo No”, refleja la indignación y la desconfianza de la población groenlandesa hacia el gobierno estadounidense.
La lucha por la defensa de Groenlandia continúa, con la esperanza de que la voz de su pueblo sea escuchada y que su territorio ancestral sea respetado.
