La tensión entre Estados Unidos e Irán continúa sin visos de una resolución a corto plazo, mientras las negociaciones se estancan y las acusaciones mutuas se intensifican. Según informes recientes, la administración de Donald Trump estaría presionando a Irán para que “acepte la derrota”, amenazando con una escalada bélica si no lo hace.
El Wall Street Journal ha revelado que la administración Trump estaría buscando una solución que involucre la división de los ingresos petroleros iraníes, como condición para un posible alto el fuego. Se ha solicitado a los asesores del presidente que encuentren una solución en las próximas seis semanas para poner fin al conflicto, según fuentes consultadas.
Sin embargo, las perspectivas de diálogo directo parecen escasas. Teherán ha reiterado su negativa a negociar con Washington, manifestando una profunda desconfianza hacia las intenciones estadounidenses. El ministro de Asuntos Exteriores iraní ha declarado explícitamente que no existen conversaciones en curso con Estados Unidos.
Esta postura de rechazo al diálogo se interpreta como una señal de la firmeza de Irán en sus posiciones y su falta de disposición a ceder ante las presiones externas. La situación se complica aún más por la prolongación de las hostilidades, lo que ha llevado al propio Trump a expresar, en privado, su deseo de una rápida conclusión del conflicto, según fuentes de noticias.
En un intento por facilitar una posible distensión, Pakistán se ha ofrecido como mediador entre las partes, buscando generar un clima de confianza que permita abrir canales de comunicación. Tanto Estados Unidos como Irán han acogido con satisfacción esta iniciativa, aunque aún no se han concretado pasos significativos hacia una negociación formal.
