La prolongación de las tensiones actuales podría tener consecuencias económicas significativas a nivel global. La pregunta clave es cuánto tiempo persistirán estas condiciones, ya que un conflicto extendido amplificaría los efectos económicos y pondría a prueba la confianza de los inversores.
Si los precios del petróleo continúan su ascenso durante semanas, se podría observar una contracción de la demanda, obligando a los consumidores y a las empresas a modificar sus hábitos. Ejemplos de esto incluyen la reducción de los viajes en automóvil, la cancelación de vuelos menos rentables por parte de aerolíneas como United Airlines, e incluso el cierre temporal de fábricas. Países del sudeste asiático, como Tailandia, Indonesia y Malasia, ya han implementado medidas de emergencia, como el trabajo remoto y el cierre de escuelas, para reducir el consumo de combustible.
Se estima que para reducir la demanda global de petróleo en 10 millones de barriles diarios, los precios deberían alcanzar niveles considerablemente altos. Históricamente, cada choque petrolero importante en el siglo XX ha precedido a una recesión, según el economista James Hamilton. Si los precios alcanzan los niveles necesarios para disminuir significativamente la demanda, existe un riesgo real de recesión económica.
Aunque Estados Unidos, como importante productor de petróleo, podría estar relativamente protegido, los países más ricos competirán por los suministros energéticos limitados, dejando a las naciones más pobres sin acceso a la energía a precios asequibles. Esto podría tener un impacto devastador en los aproximadamente 2.000 millones de personas más pobres del mundo.
La crisis energética de 2022, centrada principalmente en el gas natural, demostró cómo los mercados asignan los recursos a quienes pueden pagarlos. Cuando Europa perdió acceso al gas ruso, recurrió al mercado global de gas natural licuado, lo que elevó los precios y, a su vez, aumentó el precio del carbón, impulsando su uso en China. Países de bajos ingresos como Pakistán y Bangladesh, con dificultades para pagar la energía, sufrieron importantes impactos económicos, incluyendo la restricción de actividades económicas y la limitación de la movilidad.
En países como India, el gasto en petróleo representa alrededor del 3% del PIB, mientras que en Tailandia, la proporción asciende al 5% y el consumo total de combustibles fósiles al 7%. Estos países, con escaso margen fiscal, se verían particularmente afectados por un aumento de los precios. Además, el Estrecho de Ormuz, un punto crítico para el transporte de fertilizantes, podría verse afectado, lo que podría generar un aumento en los precios de los alimentos y agravar la situación económica de los países más vulnerables.
