Durante seis meses, un grupo de hackers ucranianos operó en secreto dentro del sistema de guerra de drones de Rusia, accediendo a chats de operadores, rastreando trayectorias de vuelo y observando misiones en tiempo real, sin que las autoridades rusas lo supieran.
Según un informe de InformNapalm, el centro cibernético ucraniano Fenix logró infiltrarse en decenas de cuentas militares rusas, estableciendo una vigilancia encubierta las 24 horas del día. Si bien no pudieron tomar el control de los drones, los hackers pudieron visualizar todo lo que veían los operadores rusos, transmitiendo esta información directamente al ejército ucraniano.
La inteligencia obtenida gracias a esta operación resultó crucial para derribar drones, atacar puestos de mando y asestar golpes a la unidad de élite Rubikon de Rusia. Además, se descubrió que la incursión de drones rusos en Polonia en septiembre de 2025 fue, en realidad, una prueba deliberada de las torres de telefonía móvil bielorrusas, con el objetivo de identificar cómo interrumpir el suministro de armas occidentales a Ucrania.
Los restos de drones encontrados en Polonia y Letonia coincidieron con los números de serie del software ruso hackeado.
