Un estudio longitudinal publicado en el Journal of Adult Development en octubre de 2026 revela que la identidad personal evoluciona activamente entre los 27 y los 61 años.
La Universidad de Jyväskylä en Finlandia publicó en el Journal of Adult Development una investigación que demuestra que la identidad personal sigue transformándose a lo largo de la vida adulta.
Científicos siguen el desarrollo de adultos desde los 27 años
El trabajo analizó los datos del Estudio Longitudinal de Personalidad y Desarrollo Social de Jyväskylä (JYLS), siguiendo a una cohorte de adultos finlandeses nacidos en 1959 en cinco momentos diferentes: a los 27, 36, 42, 50 y 61 años. La muestra efectiva en cada fase osciló entre 206 y 346 participantes, según detallan las fuentes de la investigación.
Los investigadores utilizaron entrevistas semiestructuradas enfocadas en ocupación, creencias religiosas, opiniones políticas, relaciones íntimas y estilo de vida. El análisis evaluó el grado en que cada individuo exploró alternativas de manera activa antes de asumir compromisos con sus propios valores.
Los resultados mostraron un avance sostenido desde la difusión identitaria hacia el logro, aunque el ritmo de cambio disminuyó de forma progresiva a partir de los 42 años.
“Nuestro estudio demostró que la identidad puede seguir desarrollándose a lo largo de la edad adulta”, afirmó Liinu Marin, investigadora doctoral de la Universidad de Jyväskylä, en declaraciones recogidas por Phys.org. “Los resultados indicaron un desarrollo positivo de la identidad entre los 27 y los 61 años, con los mayores cambios entre los 27 y los 42 años”.
Liinu Marin, investigadora doctoral de la Universidad de Jyväskylä
Identidad consolidada frena la ansiedad
Los participantes con una identidad más consolidada reportaron niveles superiores de bienestar psicológico y social, mayor satisfacción vital y menores índices de ansiedad, mientras que el análisis estadístico no encontró una asociación significativa entre el desarrollo de la identidad y los sentimientos depresivos.
El equipo evaluó dimensiones del bienestar mental —psicológico, social y emocional— y la presencia de ansiedad o sentimientos depresivos. A medida que pasó el tiempo, la satisfacción con la vida y el bienestar social aumentaron, mientras que el bienestar psicológico y las emociones negativas se mantuvieron estables en el promedio del grupo.
Los autores del estudio señalaron que los datos actuales no permiten determinar la dirección exacta de la causalidad, ya que investigaciones previas en poblaciones jóvenes sugieren que un elevado malestar emocional también puede entorpecer la exploración y el compromiso personal.
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