La hidratación como parte esencial del bienestar. Así como se prioriza la toma de medicamentos, es fundamental prestar la misma atención a la ingesta de líquidos, según Archbald-Pannone. Se recomienda establecer recordatorios para beber a lo largo del día. Richards sugiere apuntar a consumir la mitad del peso corporal en onzas diariamente. Por ejemplo, una persona de 150 libras debería ingerir 75 onzas.
Encuentre una bebida que disfrute. Para hacer el agua más atractiva, puede agregarle limón, lima o pepino, o incluso optar por versiones con gas como el agua con gas o club soda. La leche, los jugos y los batidos también contribuyen a la hidratación. Si las bebidas frías no son de su agrado, considere el café, el té, la sopa o el caldo. No obstante, es importante limitar el consumo de cafeína a 400 mg diarios, ya que un exceso podría tener un efecto diurético.
“Hidrátese” a través de los alimentos. El consumo de frutas y verduras también contribuye a la ingesta diaria de líquidos. Por ejemplo, una manzana o pera mediana, la mitad de una toronja, una naranja grande, o una taza de coliflor o calabaza de invierno en cubos, aportan entre ½ y ¾ de taza de agua.
Revise su medicación. Algunos fármacos, como los diuréticos, laxantes y medicamentos para la diabetes, pueden favorecer la deshidratación. Consulte a su médico o farmacéutico para determinar si los medicamentos que está tomando pueden afectar su nivel de hidratación y si es necesario aumentar la ingesta de líquidos.
Aumente la humedad del ambiente. Un humidificador puede ayudar al cuerpo a retener más agua, además de aliviar la sequedad de la piel y los labios agrietados. La Agencia de Protección Ambiental recomienda mantener un nivel de humedad entre el 30 y el 50% durante el invierno. Además, un ambiente más húmedo puede generar una sensación de mayor calor, permitiendo reducir la temperatura del termostato.
