La hipertensión arterial continúa siendo el principal factor de riesgo prevenible de mortalidad prematura a nivel mundial. De acuerdo con el “Global Burden of Disease Study”, esta patología fue responsable, por sí sola, de casi 11 millones de muertes en el año 2019.
Impacto en la salud: corazón y cerebro
El papel de la hipertensión es determinante en el desarrollo de diversas patologías graves. El corazón y el cerebro son las primeras víctimas de esta condición; en el sistema cardiovascular, puede provocar insuficiencia cardíaca, infartos o arritmias, como la fibrilación auricular. Por otro lado, en el ámbito cerebral, se vincula directamente con la aparición de ictus o hemorragias cerebrales.
Además de estos órganos, la hipertensión arterial desempeña un rol significativo en la insuficiencia renal y en afecciones de otros órganos del cuerpo.
Análisis global de prevalencia y control
Comprender el impacto y la evolución de esta enfermedad a escala mundial es fundamental para la planificación de tratamientos y medidas de prevención. En este sentido, un estudio publicado en el Journal of American College of Cardiology, liderado por Samantha S. O’Connell del Departamento de Epidemiología de la Universidad de Tulane en Nueva Orleans (EE. UU.), analizó las variaciones globales durante un periodo de 20 años, entre 2000 y 2020.
El objetivo central de la investigación fue determinar la amplitud de las disparidades globales en cuanto a la prevalencia, el conocimiento y el control de la hipertensión arterial, segmentando la información por regiones económicas.
Metodología del estudio
Para este análisis, se examinaron 287 estudios de población que abarcaron a más de 6 millones de personas procedentes de 119 naciones. Para facilitar el estudio, los países fueron divididos en dos grupos: aquellos con una condición económica elevada y aquellos con una condición económica media o baja. La investigación se centró en sujetos mayores de 20 años.
En el marco de este análisis, se consideró que una persona padecía hipertensión si presentaba una presión arterial sistólica superior a 140 mmHg y una presión diastólica superior a 90 mmHg, o si hacía uso de fármacos antihipertensivos.
