La hipertensión arterial, una condición común y a menudo asintomática, podría tener orígenes más complejos de lo que se creía. Un nuevo estudio sugiere que ciertos procesos cerebrales podrían contribuir directamente al aumento de la presión arterial, abriendo la puerta a diferentes enfoques terapéuticos.
Científicos analizaron el papel de una región del tronco encefálico, llamada la región parafacial lateral, parte de la estructura más antigua del cerebro responsable de funciones automáticas como la respiración, la digestión y el ritmo cardíaco.
Esta región está involucrada en las expiraciones forzadas, como las que ocurren al reír, hacer esfuerzo físico o toser. Estas expiraciones se generan por la contracción de los músculos abdominales, a diferencia de la respiración normal, en la que el aire se elimina pasivamente debido a la elasticidad de los pulmones.
La investigación, realizada por un equipo de la Universidad de Auckland en Nueva Zelanda, y cuyos resultados fueron publicados en la revista Circulation Research, reveló que la región parafacial lateral está conectada a nervios que provocan la constricción de los vasos sanguíneos, lo que lleva a un aumento de la presión arterial.
En condiciones de hipertensión, esta zona se activa y, cuando fue desactivada experimentalmente, los valores de la presión arterial volvieron a la normalidad. Los resultados sugieren que los cambios en los patrones de respiración, especialmente aquellos que implican fuertes contracciones de los músculos abdominales, pueden desencadenar la hipertensión. Identificar un tipo de respiración abdominal en pacientes hipertensos podría indicar la causa y orientar el tratamiento.
Otra etapa de la investigación analizó si esta región cerebral podía ser influenciada por medicamentos. La administración directa de fármacos que actúan sobre el cerebro es difícil, ya que no se dirigen selectivamente a una zona específica.
Posteriormente, el equipo identificó que la región parafacial lateral es activada por señales provenientes de fuera del cerebro, de los cuerpos carotídeos – pequeñas estructuras situadas en el cuello, cerca de la arteria carótida, que detectan el nivel de oxígeno en la sangre. Estas estructuras pueden ser atacadas de forma segura mediante tratamiento farmacológico.
Los investigadores están probando actualmente un medicamento reutilizado, diseñado para reducir la actividad de los cuerpos carotídeos y, indirectamente, para desactivar esta región cerebral sin actuar directamente sobre el cerebro.
Este descubrimiento podría conducir al desarrollo de nuevos tratamientos para la hipertensión arterial, especialmente en pacientes con apnea del sueño, en los que los cuerpos carotídeos se activan durante los episodios de interrupción de la respiración durante la noche.
