Honda se enfrenta a un momento crítico en su historia, anunciando la cancelación de inversiones significativas en vehículos eléctricos y la suspensión del desarrollo de al menos cinco modelos, incluyendo la serie O. Esta decisión estratégica, que implica la anulación de proyectos ya en fase avanzada de ingeniería, se produce en un contexto de dificultades económicas para el fabricante japonés.
La compañía prevé registrar su primera pérdida anual desde que cotizó en la Bolsa de Valores de Tokio en 1957. Se estima una pérdida de 570 mil millones de yenes, equivalente a aproximadamente 3.6 mil millones de dólares, contrastando fuertemente con el beneficio neto de 835 mil millones de yenes (5.7 mil millones de dólares) reportado en el año fiscal anterior, finalizado el 31 de marzo de 2025.
Este revés financiero se atribuye, en gran medida, a la suspensión de subvenciones para la adquisición de vehículos eléctricos en Estados Unidos bajo la administración Trump, lo que provocó un colapso en la demanda. Como consecuencia, Honda se vio obligada a cancelar tres modelos eléctricos planeados para su producción en el mercado estadounidense, con un impacto negativo estimado en 2.5 billones de yenes (aproximadamente 15.7 mil millones de dólares).
La situación en China tampoco es favorable para Honda, que ha experimentado una disminución constante en sus ventas. En 2020, la compañía comercializó 1.63 millones de vehículos en China, cifra que se redujo a 645,000 unidades en 2025, lo que representa una caída de aproximadamente el 60% en seis años. Solo en 2024, la disminución de ventas fue de alrededor del 24%.
A pesar de estos desafíos, Honda sigue siendo un actor importante en la industria automotriz a nivel mundial, con ventas anuales que superan los 3 millones de vehículos.
