Las personas no solo reconocen las emociones en los rostros de monos y simios, sino que también tienden a copiar esas expresiones de forma involuntaria.
Un nuevo estudio sugiere que, cuando observamos a un primate no humano que se muestra juguetón o amenazante, nuestros propios rostros reflejan sutilmente lo que vemos, especialmente cuando sentimos una sensación de calidez o cercanía hacia el animal.
Los hallazgos provienen de un estudio liderado por Ursula Hess de la Universidad Humboldt de Berlín.
Los investigadores querían responder a una pregunta sencilla pero sorprendentemente sin resolver: ¿los humanos imitan espontáneamente las expresiones emocionales de los primates no humanos, como a menudo hacemos con otras personas?
Una antigua cuestión sobre la empatía
La mímica es uno de esos comportamientos sociales que ocurre en segundo plano. Sonreímos cuando alguien sonríe. Nos tensamos cuando alguien parece enojado.
En los humanos, este tipo de correspondencia a menudo se vincula con la empatía y la conexión. Otros primates también realizan versiones de esto, y la investigación anterior ha demostrado que los primates no humanos jóvenes pueden imitar espontáneamente gestos faciales humanos, como sacar la lengua y hacer chasquidos con los labios.
Los humanos y los chimpancés también pueden imitarse deliberadamente.
Lo que no estaba claro era si los humanos imitan automáticamente las expresiones emocionales de los primates a medida que las perciben, sin que se les pida que imiten nada. Esta laguna es lo que este estudio se propuso llenar.
Observando rostros de primates en video
El estudio se realizó en línea con 212 participantes. Cada participante vio clips cortos de monos y simios que mostraban diferentes tipos de expresiones: una cara juguetona, una muestra de amenaza y una expresión neutral.
Los videos eran breves, de solo cinco a siete segundos de duración, pero eran realistas, mostrando no solo rostros sino también la postura corporal.
Mientras los participantes observaban, sus propios rostros fueron grabados a través de sus cámaras web. En lugar de depender de observadores humanos para juzgar las reacciones, los investigadores utilizaron una herramienta de seguimiento facial de código abierto que mide la actividad facial, esencialmente una forma de cuantificar los cambios sutiles en la expresión.
Después de cada clip, los participantes respondieron varias preguntas. Calificaron si la expresión del primate parecía positiva o negativa.
También etiquetaron qué emociones creían que estaban viendo: ira, asco, miedo, felicidad, tristeza o sorpresa. Además, informaron cuánto les gustaba el primate y cuán cerca se sentían psicológicamente de él.
Por lo tanto, el experimento no se trataba solo de “¿se movió tu rostro?”. También se trataba de “¿cómo interpretaste lo que viste?” y “¿te sentiste conectado con el animal?”.
Señales emocionales en las expresiones de los primates
El primer hallazgo importante es que los humanos parecen ser capaces de comprender las expresiones de los primates de manera significativa.
Los participantes generalmente reconocieron si una expresión era positiva o negativa, y no se detuvieron ahí. También adjuntaron etiquetas de emociones específicas a lo que vieron.
En otras palabras, las personas no estaban respondiendo a los rostros de los primates como movimientos aleatorios de animales. Los trataron como señales emocionales, algo más cercano a la comunicación social que al ruido.
Esto es importante porque sugiere que nuestro cerebro puede mapear rápidamente las señales de los primates no humanos a las categorías de emociones que usamos para nosotros mismos y otros humanos, incluso en un clip de video corto.
Imitando las expresiones faciales
El siguiente hallazgo es el que le da fuerza al estudio. Los participantes no solo interpretaron las expresiones, sino que también las imitaron espontáneamente.
Los rostros de los voluntarios cambiaron sutilmente de manera que coincidían con las expresiones de los primates, aunque no se les indicó que imitaran nada.
Este tipo de reacción es familiar en la interacción humana. Se puede pensar en ello como un “eco” emocional. No es actuación.
Es más como si tu rostro se sincronizara con lo que estás viendo, a veces antes de que hayas pensado en ello. El estudio sugiere que el mismo reflejo puede activarse a través de las especies.
Factores que influyeron en la mímica
Uno de los patrones más reveladores en los datos es que la mímica no fue uniforme. Dependió de dos cosas: cómo las personas percibieron la expresión del primate y cuán cerca se sintieron del primate.
Los participantes tendieron a informar un mayor agrado y cercanía psicológica hacia los primates que mostraban expresiones positivas. Y cuando las personas se sintieron más cerca, imitaron esas expresiones positivas con mayor fuerza.
Esto se ajusta a un patrón social común en los humanos: es más probable que reflejemos a las personas que nos gustan, confiamos o con quienes nos sentimos alineados.
El estudio sugiere que este mecanismo de “pegamento social” puede extenderse a los primates no humanos. Si un animal se ve juguetón y sientes afecto por él, tu rostro puede responder más que si te sientes distante o incómodo.
En cierto modo, el estudio sugiere que la mímica no se trata solo de percepción. También se trata de relación, al menos la relación que crea tu cerebro en el momento.
No podemos leer mentes a partir de los rostros
Los autores también enfatizan una importante advertencia. El estudio aborda términos como “expresión emocional” y “mímica emocional” desde la perspectiva del observador.
Una exhibición facial puede parecer felicidad o amenaza para un observador humano, pero eso no prueba lo que el animal realmente está experimentando internamente.
Los videos cortos también incluyeron la postura corporal, no solo los rostros, lo que puede haber influido en cómo los participantes interpretaron lo que vieron. Esto hace que los clips sean más realistas, pero también significa que los resultados no se deben únicamente al movimiento facial.
Aún así, los investigadores argumentan que incluso con esas limitaciones, el patrón es significativo: los humanos parecen capaces de resonar con las señales emocionales de los primates no humanos, al menos como los humanos las perciben.
Las emociones de los animales no humanos
La sugerencia más amplia del estudio es que la conexión emocional puede ser más profunda entre las especies de lo que a menudo asumimos.
Si los humanos imitan instintivamente las expresiones de otros primates, esto sugiere un cableado social compartido moldeado por una larga historia evolutiva.
“La investigación sugiere que los humanos son capaces de percibir y resonar con los estados emocionales de los animales no humanos”, escribieron los investigadores.
“Este hallazgo desafía los paradigmas antropocéntricos de larga data y fomenta una reconceptualización de la relación humano-animal”.
No se dice que los humanos y los monos sientan exactamente lo mismo de la misma manera. Pero sí sugiere que nuestra maquinaria de empatía puede ser más flexible que “solo humanos”.
A veces, incluso un clip de cinco segundos de la cara de un primate es suficiente para que nuestros propios rostros respondan silenciosamente.
—–
¿Te gustó lo que leíste? Suscríbete a nuestro boletín para artículos interesantes, contenido exclusivo y las últimas actualizaciones.
Visítanos en EarthSnap, una aplicación gratuita traída por Eric Ralls y Earth.com.
—–
