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Humanos y animales: preferencias sonoras sorprendentemente similares

by Editor de Tecnologia

Un nuevo estudio ha revelado que los humanos preferimos muchos de los mismos sonidos que otros animales eligen a la hora de encontrar pareja.

Esta coincidencia replantea la belleza en el sonido como algo que podría ser más profundo que la cultura, llegando a través de las especies mediante una biología compartida.

Los humanos coinciden con las elecciones animales

Dentro de un juego en línea construido alrededor de 110 pares de grabaciones, los participantes eligieron repetidamente las llamadas que los animales ya eran conocidos por favorecer.

Trabajando con 4.196 respuestas, Logan James de McGill University documentó este acuerdo en 16 especies.

El patrón no se limitó a un solo grupo del reino animal, sino que se extendió desde insectos y ranas hasta aves y otros mamíferos.

Esta amplitud hizo que el hallazgo fuera más difícil de descartar como una peculiaridad de un grupo, y planteó la pregunta más amplia de qué en estos sonidos atrae a diferentes oyentes de la misma manera.

Comparaciones de sonido simples

Cada par provenía de pruebas animales anteriores donde una llamada ya había superado a su rival para atraer a un oyente.

Debido a que las personas solo escucharon dos opciones a la vez, la tarea se mantuvo simple y forzó una preferencia clara.

Estos sonidos eran señales de cortejo, exhibiciones que los animales utilizan para atraer parejas, por lo que la elección reflejó una decisión que los animales a menudo toman.

Una configuración simple de dos opciones permitió a los investigadores comparar directamente las preferencias humanas con las de los animales sin perderse en la complejidad técnica.

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Fuertes preferencias alineadas

Las elecciones coincidentes no solo ocurrieron con más frecuencia, sino también más rápido, lo que debilitó la explicación de la suposición aleatoria.

Las preferencias animales más fuertes produjeron un mayor acuerdo humano en el experimento, en lugar de aplanarse a la indiferencia.

El acuerdo repetido sugirió que las personas no simplemente seguían una pista fácil y luego cambiaban de opinión en el siguiente intento.

Las respuestas de coincidencia más rápidas fortalecieron el caso de que una atracción compartida en los sonidos estaba guiando tanto a los animales como a los humanos.

Por qué existe la superposición

Muchos sonidos de cortejo funcionan apoyándose en peculiaridades inherentes a la audición mucho antes de que la experiencia tenga mucho que decir.

Los biólogos llaman a estas inclinaciones sesgos sensoriales, hábitos de percepción y atención que pueden dirigir la elección de pareja.

Si diferentes especies comparten suficiente cableado sensorial, un trino o una nota más grave pueden complacer a más de un oído.

Esta lógica no hace que el gusto sea universal, pero explica por qué puede surgir una superposición sin entrenamiento o cultura compartida.

Sonidos que captan la atención

Las llamadas de tono más bajo atrajeron a las personas con especial frecuencia, lo que dio la tendencia única más clara en todo el conjunto.

El acuerdo también aumentó para los adornos acústicos, piezas de sonido adicionales como clics o trinos, que hacen que una señal sea más rica.

Las piezas adicionales pueden captar la atención o separar una llamada del ruido, lo que puede ayudar a explicar su atractivo.

Ninguna característica única resolvió todo el rompecabezas, y los autores argumentaron que las personas respondieron a pistas agrupadas en lugar de a una propiedad mágica.

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El entrenamiento tiene poco efecto

Conocer los sonidos de los animales no aportó mucho acuerdo adicional, y el entrenamiento musical formal tampoco hizo mucho.

Las horas dedicadas a escuchar música cada día mostraron una pequeña conexión, posiblemente porque los oyentes frecuentes rastrean los detalles del sonido más de cerca.

La división entre la escucha diaria y el entrenamiento formal es una distinción útil para cualquier afirmación amplia sobre el gusto.

La atención, no el prestigio o el conocimiento especializado, puede ser lo más importante cuando las personas juzgan llamadas de animales desconocidas.

Los animales aprecian la belleza

El debate detrás de este resultado se remonta al libro del naturalista Charles Darwin de 1871, que trató la belleza como algo que los animales notan.

“Tienen casi el mismo gusto por lo bello que nosotros”, escribió Darwin.

Durante más de un siglo, esa línea sonó provocativa porque probar un gusto compartido entre especies es mucho más difícil que proponerlo.

James y sus colegas le dieron a esa vieja afirmación números en lugar de intuición, razón por la cual el hallazgo es tan claro.

El significado del gusto compartido

Las preferencias compartidas no significan que los humanos y los animales escuchen el sonido por las mismas razones o quieran los mismos resultados.

Sugieren que algunas características agradables pueden basarse en un hardware sensorial común, incluso cuando la señal evolucionó para otra especie.

Una base sensorial compartida les da a los científicos otra pista sobre por qué el canto de los pájaros, las llamadas de las ranas o los ritmos de los insectos pueden sentirse extrañamente atractivos.

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Al mismo tiempo, el tamaño modesto de la superposición advierte contra la pretensión de que la belleza funciona de la misma manera en todas partes.

Direcciones futuras de la investigación

Los investigadores aún están recopilando respuestas a través del juego, lo que debería probar si el patrón se mantiene en aún más especies.

Los experimentos futuros planean alterar directamente las llamadas agregando o eliminando pequeños adornos, y luego medir si el atractivo aumenta o disminuye.

La alteración directa de las llamadas es importante porque puede separar la simple correlación de un efecto causal real en los propios sonidos.

Si las mismas características siguen ganando, el caso de una biología compartida del atractivo acústico se volverá más nítido.

En miles de elecciones, las personas se inclinaron repetidamente hacia las mismas llamadas que ayudan a otros animales a decidir con quién aparearse.

Ese patrón no borrará la cultura humana ni el gusto individual, pero sí hace que la belleza suene más antigua y más ampliamente compartida.

El estudio se publica en la revista Science.

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