Cuatro sentencias citadas en un tribunal resultaron ser inexistentes.
El incidente tuvo lugar en Siracusa, donde un abogado del Colegio de Abogados de Milán fue condenado a pagar 2.000 euros a la Cassa delle Ammende por presentar en la corte precedentes jurisprudenciales que, tras la verificación del juez, no aparecían en ninguna base de datos profesional ni en archivos oficiales.
Según las investigaciones, estas citas fueron generadas con herramientas de inteligencia artificial y luego incluidas en los documentos legales sin verificar su autenticidad.
El juez enfatizó que los sistemas de IA no son archivos jurídicos. Producen textos que parecen creíbles, pero se basan en modelos estadísticos y probabilísticos. En otras palabras, pueden generar frases plausibles, incluso inventando referencias que no existen.
Por esta razón, el tribunal explicó que los profesionales del derecho tienen la obligación de verificar siempre las fuentes, consultando repertorios oficiales y bases de datos antes de citar precedentes en un procedimiento.
El caso se originó en una disputa civil relacionada con la propiedad de un inmueble, pero la advertencia del juez trasciende este caso particular. Si bien el uso de la inteligencia artificial puede ser útil en el trabajo diario, sin controles rigurosos existe el riesgo de convertir un documento legal en un compendio de sentencias… que nunca fueron dictadas.
