Si la vivienda de sus sueños aparece repentinamente perfectamente iluminada, con paredes recién pintadas y vistas dignas de una revista de arquitectura, no necesariamente refleja la realidad. Cada vez más, tanto particulares como agencias inmobiliarias recurren a la inteligencia artificial (IA) en sus anuncios.
Esto dificulta que los compradores potenciales distingan la sustancia real de la “cosmética” digital. Pero, ¿dónde se traza la línea entre una presentación legítima y el engaño?
El uso de la IA en los anuncios de viviendas no está prohibido en principio, según el abogado Christoph Stroyer, miembro de la asociación de derecho de construcción e inmobiliario del Colegio de Abogados Alemán. Sin embargo, “solo se permite lo que no abandona el núcleo de la verdad”. En otras palabras, la mejora estética es aceptable, pero el engaño no.
Adiciones inventadas son inadmisibles
Es engañoso, por ejemplo, modificar las paredes en las imágenes, agrandar la vivienda, alterar la distribución, instalar un balcón inexistente, eliminar manchas de humedad o simular vistas al mar. Por otro lado, según Stroyer, es permisible que la IA simplemente mejore la iluminación de la fotografía, cree imágenes de gran angular o aumente el brillo y la nitidez. Si la vivienda se amuebla virtualmente, se debe indicar claramente.
Una lógica similar se aplica a la descripción textual de una propiedad. La IA también puede ayudar aquí, siempre que el resultado sea revisado por un humano y se corresponda con la verdad. La corrección gramatical, la mejora de la estructura, la corrección de errores o la traducción son aceptables. “Sería inadmisible que la IA inventara la vivienda ideal, que exagerara o que se adoptaran contenidos generados por IA sin verificar”, señala el abogado.
Los afectados no están indefensos ante el engaño
Si los agentes inmobiliarios o los particulares cruzan la línea hacia el engaño inaceptable, pueden ser considerados responsables. Dependiendo del caso, las partes perjudicadas podrían entonces reclamar reducciones o indemnizaciones por daños y perjuicios si, debido al engaño, tomaron una decisión empresarial que de otro modo no habrían tomado. También son posibles la rescisión del contrato, la terminación o la impugnación.
Sin embargo, es crucial que los afectados puedan demostrar sus sospechas. “Por lo tanto, siempre se aplica: guardar el anuncio y documentar las discrepancias”, afirma Christoph Stroyer. El abogado recomienda guardar el anuncio mediante capturas de pantalla antes de la firma del contrato, obtener la confirmación por escrito de los puntos críticos y realizar una visita a la propiedad.
Después de la firma del contrato, las discrepancias deben documentarse inmediatamente, por ejemplo, con fotografías, vídeos, testigos o un acta. “Cuanto mayor sea la diferencia entre el anuncio y la realidad, más probable será que se hagan valer las reclamaciones”, dice Stroyer.
