El presidente del Banco Mundial, Ajay Banga, advirtió en una entrevista con Reuters el pasado viernes que la guerra en el Medio Oriente provocará un impacto en cascada sobre la economía global, independientemente de que el frágil alto el fuego impulsado por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, logre consolidarse.
Banga señaló que las consecuencias serían considerablemente más graves si el cese al fuego fracasa y el conflicto se intensifica. Según datos proporcionados el martes por el directivo, en un escenario base donde la guerra termine pronto, el crecimiento global podría reducirse entre 0,3 y 0,4 puntos porcentuales; sin embargo, si el conflicto persiste, esta caída podría alcanzar el 1%.
En cuanto a la inflación, Banga estimó un incremento de entre 200 y 300 puntos básicos, con un impacto potencial de hasta 0,9 puntos porcentuales si las hostilidades continúan. El conflicto, que ya ha dejado miles de víctimas en la región, ha provocado un aumento del 50% en el precio del petróleo y ha alterado el suministro de gas, helio, fertilizantes y otros productos, afectando también al sector del turismo y los viajes aéreos.
La tregua de dos semanas anunciada por Trump se percibe como inestable, dado que Israel e Irán mantienen sus ataques. Por su parte, Irán manifestó el viernes que es indispensable la liberación de sus activos bloqueados y que se establezca un alto el fuego en Líbano antes de proceder con las conversaciones con Estados Unidos, programadas para este sábado en Pakistán.
Ante la posibilidad de que estas negociaciones fallen, Donald Trump informó que los buques de guerra estadounidenses están siendo recargados con municiones.
El presidente del Banco Mundial cuestionó si los acuerdos actuales y las negociaciones de este fin de semana conducirán a una paz duradera y a la reapertura del Estrecho de Ormuz, advirtiendo que un nuevo estallido del conflicto tendría un impacto mayor o más prolongado sobre la infraestructura energética.
Finalmente, Banga indicó que la institución ya mantiene conversaciones con diversos países en desarrollo, incluyendo pequeños estados insulares que carecen de recursos energéticos naturales, para gestionar el acceso a fondos a través de los programas de «ventanas de respuesta a crisis».
