La conexión entre el intestino y el cerebro es un área de investigación intensiva, y estudios recientes sugieren que esta comunicación podría ser directa. Un nuevo estudio experimental revela que, bajo ciertas condiciones, las bacterias intestinales pueden llegar al cerebro, ofreciendo una posible explicación para las conexiones observadas entre la salud intestinal y las enfermedades neurológicas.
Investigaciones previas ya habían demostrado una influencia mutua entre la actividad intestinal y la función cerebral.
En un nuevo estudio, investigadores de la Universidad Emory, en Estados Unidos, indican que una dieta rica en grasas favorece la entrada de bacterias intestinales al cerebro.
El equipo utilizó varios modelos de ratones para inducir una mayor permeabilidad intestinal, una situación en la que la barrera intestinal se vuelve menos efectiva. Los investigadores estudiaron modelos de ratones alimentados con dietas ricas en grasas, asociadas con la aterosclerosis, así como modelos modificados genéticamente para reproducir características de la enfermedad de Alzheimer y la enfermedad de Parkinson.
Normalmente, el daño a la barrera intestinal permite que las bacterias entren en el torrente sanguíneo y causen infecciones.
En este estudio, los investigadores identificaron en el cerebro pequeñas cantidades de bacterias similares a las del intestino, sin que estas estuvieran presentes en la sangre. Estas bacterias fueron detectadas en el cerebro tanto en los modelos con permeabilidad intestinal inducida por la dieta como en los modelos de enfermedad.
Análisis adicionales mostraron que la sangre no parece ser la principal vía de transporte.
Cuando se bloqueó el nervio vago, la principal vía de comunicación entre el intestino y el cerebro, el número de bacterias detectadas en el cerebro disminuyó significativamente. Este resultado sugiere que el nervio vago podría ser la ruta por la que las bacterias llegan al cerebro.
Los autores del estudio señalan que estos datos indican la existencia de un eje de migración de bacterias desde el intestino hacia el cerebro, influenciado por factores ambientales, como la dieta, y factores genéticos. Sin embargo, subrayan que se necesita más investigación para determinar si este fenómeno ocurre también en humanos.
La idea de que las bacterias puedan llegar del intestino al cerebro no es nueva, pero este estudio proporciona algunas de las pruebas experimentales más claras hasta la fecha, obtenidas en animales vivos.
En otras investigaciones, se han identificado rastros de bacterias en el cerebro de personas fallecidas con la enfermedad de Alzheimer, pero sin demostrar la dinámica de este proceso en organismos vivos.
En los experimentos actuales, después de transferir microorganismos intestinales a ratones, las bacterias fueron detectadas posteriormente solo en el intestino y en el cerebro, no en otros tejidos.
Los investigadores advierten sobre las limitaciones del estudio, incluyendo el hecho de que la cantidad de bacterias identificadas en el cerebro fue extremadamente pequeña y que su impacto en la inflamación o en la aparición de enfermedades aún no está claro.
Los resultados se suman a un creciente número de estudios que indican vínculos entre la inflamación intestinal y las afecciones neurodegenerativas, como la enfermedad de Alzheimer o los trastornos del estado de ánimo, aunque las relaciones causales aún no se han establecido.
A largo plazo, estos descubrimientos podrían orientar el desarrollo de terapias dirigidas al microbioma intestinal, pero este enfoque requiere confirmar una relación directa de causa y efecto. Según los autores, uno de los aspectos importantes del estudio es que sugiere la posibilidad de que el desarrollo de afecciones neurológicas pueda iniciarse a nivel intestinal.
Un resultado adicional observado fue que, cuando los ratones alimentados inicialmente con dietas ricas en grasas volvieron a una dieta normal, las bacterias ya no fueron detectables en el cerebro. Esta observación indica que los efectos podrían ser reversibles si se corrige la permeabilidad intestinal.
Los investigadores continúan investigando los múltiples mecanismos a través de los cuales el intestino y el cerebro se comunican, incluyendo el sistema inmunológico, el sistema nervioso y las reacciones bioquímicas. El nuevo estudio sugiere que, en ciertas condiciones, esta comunicación puede implicar también la migración directa de bacterias.
El estudio fue publicado en la revista PLOS Biology.
