La delegación liderada por Sir Keir Starmer en China, según todos los informes, alberga grandes esperanzas de asegurar inversiones significativas chinas en la economía británica (“PM to tour China on charm offensive”, Report, 26 de enero).
La necesidad de que Gran Bretaña recurra a China en busca de financiación para inversiones plantea una cuestión fundamental: el país ahorra demasiado poco y consume en exceso, una tendencia que se remonta a la década de 1970. Esta situación es un claro indicativo del declive relativo de Gran Bretaña, y resulta preocupante que pocos líderes en Londres parezcan considerar este fenómeno como un problema.
Eamonn Fingleton
Autor, Dublín, Irlanda
