Irán era un país notablemente diferente antes de la revolución islámica de 1979. Los eventos que culminaron en el derrocamiento de la dinastía Pahlavi se desarrollaron entre el 7 de enero de 1978 y el 11 de febrero de 1979, un período de más de un año marcado por protestas, huelgas y disturbios.
Las causas de la revolución fueron múltiples, incluyendo el descontento con el gobierno de Mohammad Reza Pahlavi, la represión y tortura de disidentes, el exilio de Ruhollah Khomeini, y las injusticias sociales. Los objetivos principales de los revolucionarios eran derrocar la dinastía Pahlavi y establecer un nuevo orden político y social.
La revolución se caracterizó por manifestaciones masivas, huelgas, resistencia civil, disturbios e incluso enfrentamientos armados en las calles. Como resultado, se produjo la caída de Mohammad Reza Pahlavi y la monarquía, estableciéndose un Gobierno Interino. Posteriormente, la Constitución de la República Islámica reemplazó a la Constitución persa de 1906 tras un referéndum. Ruhollah Khomeini asumió el cargo de Líder Supremo, dando inicio a la crisis de los rehenes estadounidenses y, más adelante, a la guerra Irán-Irak en 1980.
Entre las partes involucradas en este período de transición se encontraban el Estado Imperial de Irán, grupos realistas, el Consejo de Regencia, el partido Rastakhiz (hasta el 1 de noviembre de 1978), el ejército imperial, la Guardia Imperial, el SAVAK, la Gendarmería Shahrbani, el Consejo Revolucionario, diversas asociaciones islámicas (Combatant Clergy Association, Islamic Association of Students, Teachers, Engineers, Physicians, Societies, Fada’iyan-e Islam, Mojahedin) y la oposición liberal democrática, incluyendo el Freedom Movement of Iran y el National Front.
