En un giro dramático que ha captado la atención internacional, Irán ha respondido con total indiferencia al ultimátum lanzado por Donald Trump, descartando las advertencias del mandatario estadounidense.
Un discurso entre la victoria y la amenaza
Durante un mensaje dirigido a la nación el pasado miércoles 1 de abril, el presidente Donald Trump aseguró que Irán ya no representa una amenaza para Estados Unidos y afirmó que la guerra en ese país está “cerca de completarse”. Sin embargo, el tono del anuncio fue contradictorio, ya que Trump prometió golpear a Irán “extremadamente fuerte” durante las próximas dos o tres semanas, declarando tajantemente: “Los vamos a devolver a la Edad de Piedra, que es donde pertenecen”.

A pesar de que el presidente presume el éxito de las operaciones y asegura que se ha logrado un “cambio de régimen” —tras la muerte del antiguo Líder Supremo, Ali Khamenei, en febrero—, la situación en el terreno sigue siendo tensa. Irán continúa lanzando misiles y drones de manera regular, atacando diariamente a Israel y a países vecinos del Golfo.
Nuevos liderazgos y tensiones económicas
Trump ha señalado que su administración mantiene negociaciones con líderes iraníes que califica como “más moderados y razonables”, mencionando específicamente al presidente del Parlamento, Mohammad Bagher Ghalibaf, quien es cercano al nuevo líder supremo, Mojtaba Khamenei (hijo de Ali Khamenei).
Por otro lado, el mandatario estadounidense intentó mitigar el temor de la población sobre el incremento en los precios de la gasolina derivado del conflicto. En un comentario llamativo, Trump afirmó que los estadounidenses “no necesitan” el Estrecho de Ormuz y sugirió que los países que sí dependen de él “deben apoderarse de él y valorarlo”.
