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Italia-Alemania: Nuevo eje europeo desafía a Francia (2026)

by Editor de Mundo

El año 2026 podría marcar un punto de inflexión en los equilibrios europeos, al menos en el ámbito político. Así lo indica el eje cada vez más evidente entre Italia y Alemania, que se está consolidando en torno a la iniciativa conjunta de Giorgia Meloni y Friedrich Merz. Los dos líderes han acogido la invitación al “pragmatismo” lanzada por Mario Draghi, convocando para el próximo jueves 12 una pre-cumbre europea sobre competitividad que servirá de preludio a la reunión informal de los Veintisiete en el castillo de Alden Biesen, en Bélgica. A la reunión también asistirán el propio Draghi y Enrico Letta.

La invitación, firmada conjuntamente por Roma y Berlín, también fue enviada al Elíseo. Sin embargo, desde París no han llegado señales de respuesta. Este silencio refleja las crecientes tensiones con Francia, tanto en lo que respecta a las estrategias económicas como a las respuestas a las presiones de Donald Trump y al futuro de la defensa europea. El tradicional eje franco-alemán parece debilitado, mientras emerge una nueva geometría política.

La pre-cumbre, promovida junto con el primer ministro belga Bart De Wever, se configura como un ensayo general de una Europa liderada por un grupo de países dispuestos a avanzar sin esperar la unanimidad. Alrededor de la mesa italo-alemana se espera la presencia de más de una docena de líderes, desde los países nórdicos hasta los bálticos, con la Comisión Europea llamada a desempeñar un papel de supervisión institucional. Se trata de un método ya probado en otros asuntos, desde la inmigración hasta la economía, que ahora se traslada al terreno de la desregulación, el relanzamiento del mercado único y la centralidad del comercio global.

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Ante una relación transatlántica cada vez más inestable, Meloni y Merz apuestan por fortalecer Europa desde dentro, evitando una ruptura con Washington y reivindicando el papel de liderazgo de las dos principales economías industriales del continente. Esta línea marca una creciente distancia con la visión más intervencionista y proteccionista defendida por Emmanuel Macron. La divergencia también se manifiesta en el frente de la defensa industrial, con Alemania orientada a retirarse del proyecto FCAS para converger en el programa GCAP liderado por Italia, Reino Unido y Japón.

Sin embargo, el núcleo de la apuesta italo-alemana sigue siendo económico. El objetivo declarado es eliminar las barreras internas al mercado único, armonizar las normas y fortalecer la base industrial europea. En este terreno, sin embargo, surgen diferencias no desdeñables. Si Roma y Berlín comparten la necesidad de un fondo europeo para la competitividad, el recurso a la deuda común sigue siendo una línea roja para Alemania. La fractura con París está destinada a ampliarse también en lo relativo al “Buy European”, la bandera de Macron para fortalecer una preferencia europea en los contratos estratégicos, en particular en defensa. Italia y Alemania temen que un cierre excesivo pueda reducir los capitales disponibles, rigidizar las cadenas de valor y debilitar la competitividad general.

La ministra de Economía alemana, Katherina Reiche, ha reforzado esta posición, subrayando que la respuesta a los desafíos globales no puede ser el aislamiento. Una línea también compartida por los países nórdicos y bálticos, que han definido el proteccionismo europeo como un riesgo para el crecimiento. Tras la reunión preparatoria, Draghi y Letta mantendrán el hilo del debate entre los Veintisiete, poniendo de nuevo en el centro una constatación incómoda: muchas de las recomendaciones contenidas en sus informes sobre competitividad y mercado único siguen sin aplicarse.

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Draghi ha hablado sin rodeos de un orden global ya superado y del riesgo de una subordinación europea si la Unión permanece paralizada por los vetos. La alternativa, según el ex presidente del BCE, no es esperar la unidad perfecta, sino avanzar con quienes estén dispuestos. Una posición también compartida por Letta, que insta a “romper con los esquemas” y a fortalecer la integración. La prueba de fuego para Meloni y Merz será determinar cuántos países están realmente dispuestos a dar este paso.



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