La embajada de Japón en Nueva Zelanda ha advertido que la instalación de una estatua en Auckland, destinada a conmemorar a las mujeres obligadas a la esclavitud sexual durante la Segunda Guerra Mundial, podría poner en riesgo las relaciones diplomáticas entre ambas naciones.
Detalles del monumento y su propósito
La obra de bronce, donada por la organización no gubernamental Consejo Coreano para la Justicia y la Memoria, representa a una niña sentada junto a una silla vacía. Este diseño es similar a la «Estatua de la Paz», creada por Kim Seo-kyung y Kim Eun-sung, la cual fue instalada en 2011 frente a la embajada japonesa en Seúl, Corea del Sur.
El monumento busca honrar a las sobrevivientes de la violencia sexual en tiempos de guerra. Según algunos historiadores, entre 1932 y 1945, hasta 200,000 mujeres —en su mayoría coreanas, aunque también chinas, del sudeste asiático y un pequeño número de japonesas y europeas— fueron forzadas o engañadas para trabajar en burdeles militares. Estas víctimas fueron denominadas eufemísticamente como «mujeres de consuelo», un término que Japón sigue utilizando a pesar del rechazo de las sobrevivientes.
Proceso de aprobación y ubicación
La propuesta plantea instalar la estatua en el jardín cultural coreano de la reserva Barry’s Point, en el suburbio de Takapuna, Auckland. Las autoridades locales tienen programada una reunión el próximo 28 de abril para decidir sobre la aprobación del proyecto.

La embajada japonesa ha manifestado que esta iniciativa podría tener un «impacto significativo» en los vínculos diplomáticos entre Japón y Nueva Zelanda.
División en la opinión pública
Durante un periodo de consulta pública realizado en enero, el Consejo de Auckland recibió 672 presentaciones. Los resultados muestran una comunidad dividida: el 57% de los participantes se opuso a la instalación, mientras que el 43% estuvo a favor. En cuanto al origen de las respuestas, el 36% provino de la comunidad japonesa y el 34% de la comunidad surcoreana.
Los argumentos a favor, respaldados por entidades como el Consejo de Mujeres Refugiadas de Nueva Zelanda, sostienen que la estatua promovería la educación en derechos humanos, la paz y el reconocimiento de la resiliencia de las sobrevivientes, ayudando a que diversas comunidades se sientan incluidas en la vida pública de Aotearoa.
Por el contrario, quienes se oponen a la medida expresaron preocupaciones sobre la idoneidad de un parque público para este fin y el riesgo de generar divisiones comunitarias cargadas de tintes políticos.
