Existe una razón por la cual Jimmy se convirtió en un “abogado penalista”. La naturaleza de su clientela, compuesta por individuos declarados culpables, implica una menor preocupación por las tácticas legales que emplee, incluso si estas incluyen estrategias cuestionables o acciones que puedan dañar su reputación.
La práctica legal de Jimmy parece operar bajo la premisa de que sus clientes, al ya enfrentar condenas, no se ven afectados negativamente por métodos poco ortodoxos o potencialmente perjudiciales para su imagen pública. Esto sugiere una dinámica particular en la que la prioridad no es la defensa de la inocencia, sino la gestión de las consecuencias legales para individuos que ya han sido encontrados culpables.
Esta situación plantea interrogantes sobre los límites éticos en la representación legal y la percepción de la justicia en casos donde la culpabilidad ya está establecida. La aparente indiferencia de los clientes ante las acciones de su abogado podría indicar una aceptación tácita de estas prácticas, o una resignación ante su situación legal.
