En su infancia, Nika Prevc observaba con admiración a sus hermanos mayores, Peter, Domen y Cene, cada uno trazando su propio camino en el mundo del salto de esquí. Mientras tanto, ella participaba en el coro infantil de la parroquia. Su padre, Damjan, recuerda que era una niña tranquila pero dinámica, con cierta inquietud que le dificultaba permanecer sentada durante las misas.
A pesar de no parecer destinada a la victoria, Prevc, de 21 años y estudiante de bibliotecología, es ahora considerada una de las atletas más enigmáticas. Según el sitio web slovenský svet24.si, es “sencilla y modesta, con una sonrisa amable. Su riqueza es el silencio, y en lugar de palabras, habla con acciones”. Encuentra paz en la lectura, especialmente por la noche, antes de dormir.
Aunque recientemente se la vio con lágrimas en los ojos, Nika Prevc no es una joven frágil. Su determinación es evidente tanto en la cima de la colina, durante el vuelo, como al aterrizar, donde sus audaces telemarks son recibidos con vítores de los aficionados. A pesar de su apariencia delicada, posee una gran fuerza y resistencia, convirtiéndose en una inspiración.
Recientemente, obtuvo su tercer Globo de Cristal por el primer puesto general en la Copa del Mundo, logrando 17 victorias en una sola temporada. El año pasado, también alcanzó un hito histórico en el salto de esquí femenino, aterrizando a 236 metros en una competición en Vikersund, superando el récord anterior de Silje Opseth (230,5 metros).
