El medicamento contra la disfunción eréctil, tadalafila, se ha vuelto popular entre los jóvenes brasileños, quienes lo conocen como “tadala” en las redes sociales. En videos, se promociona como una solución milagrosa para mejorar el rendimiento sexual e incluso como un pre-entrenamiento para aumentar las ganancias musculares, afirmaciones que carecen de respaldo científico.
Según una revisión publicada en 2024 en la revista Diversitas Journal, el perfil de los usuarios de tadalafila y medicamentos similares es diverso, sin un patrón único en cuanto a estado civil, nivel educativo, raza o condición socioeconómica. Sin embargo, un rasgo común es la adquisición del medicamento sin receta médica.
Las motivaciones para su uso suelen estar relacionadas con factores conductuales y psicosociales, como la curiosidad por sus efectos, el deseo de mayor confianza, la presión por tener un buen desempeño en las relaciones sexuales y el intento de reducir la ansiedad o el estrés antes del sexo. “Ninguno de estos problemas puede resolverse únicamente con medicamentos”, afirma el farmacéutico-bioquímico Gustavo Alves Andrade dos Santos, investigador de la USP-RP (Universidad de São Paulo en Ribeirão Preto) y coautor de la publicación.
Tadalafila, vardenafila y sildenafila (esta última más conocida por su nombre comercial Viagra) son inhibidores de la fosfodiesterasa tipo 5 (iF5) y se indican para tratar la disfunción eréctil orgánica. Actúan relajando los tejidos peneanos y aumentando el flujo sanguíneo a los cuerpos cavernosos del órgano sexual, generando erecciones más rígidas.
En hombres sin problemas fisiológicos, estos medicamentos no ofrecen beneficios reales. No prolongan la erección, ni aumentan la duración del coito, ni agrandan el pene. “La sensación de ‘pump’ (inflamación muscular momentánea) reportada por los usuarios probablemente se debe a la vasodilatación periférica transitoria y representa un efecto placebo”, advierte la SBU (Sociedad Brasileña de Urología) en una nota publicada en 2025.
En otras palabras, el efecto del consumo entre los jóvenes tiende a ser puramente psicológico. “Si un individuo cree que su rendimiento sexual mejorará con el medicamento, tiende a sentirse más seguro y menos presionado”, explica el urólogo Daniel Suslik Zylbersztejn, del Hospital Israelita Einstein. “En la práctica, se trata de una especie de muleta psicológica”.
RIESGOS PARA LA SALUD FÍSICA Y MENTAL
Los principales efectos secundarios de los inhibidores de la fosfodiesterasa tipo 5 se deben a su mecanismo de acción: la vasodilatación sistémica, que causa enrojecimiento facial y congestión nasal. Sin embargo, el uso abusivo puede provocar taquicardia, alteraciones de la presión arterial, desmayos, pérdida temporal de la visión o la audición e, en casos graves, infarto, accidente cerebrovascular y muerte súbita.
Otra posible consecuencia es el priapismo, una erección anormal, persistente, no acompañada de deseo sexual y, a menudo, dolorosa. Esta condición afecta principalmente a pacientes con problemas hepáticos, que tienen dificultades para metabolizar el fármaco, lo que hace que permanezca más tiempo en el organismo.
El consumo recreativo de estos medicamentos junto con bebidas alcohólicas puede tener un efecto paradójico: aunque el alcohol también causa vasodilatación, es un depresor del sistema nervioso central, lo que reduce la actividad dopaminérgica y puede comprometer el éxito de la erección.
Los riesgos para la salud no son solo físicos. “No hay evidencia de dependencia fisiológica a estos medicamentos. No provocan síndrome de abstinencia ni alteraciones bioquímicas persistentes. Sin embargo, puede haber dependencia psicológica”, señala Santos. Actualmente, es común que los jóvenes tengan dificultades en las interacciones sociales, ya que la comunicación se realiza principalmente a través de mensajes y videos. A esto se suma el impacto de la pornografía, que crea una idealización del sexo y es cada vez más accesible, lo que lleva a dificultades en las relaciones y frustraciones.
El uso recreativo de los fármacos contra la disfunción eréctil surge como un intento de lidiar con estas inseguridades. “La persona llega a creer que las pastillas resolverán su ansiedad, sus trastornos de autoimagen e incluso problemas relacionados con la capacidad de satisfacer a su pareja”, evalúa Zylbersztejn. “Pero es importante recordar que el sexo no se reduce a la penetración. Muchos hombres olvidan esto. La obsesión con el tamaño del pene o la rigidez de la erección impide que estos individuos disfruten de la situación y creen buenas conexiones”.
USO SIN RECETA O SEGUIMIENTO
Un estudio publicado en 2020 en el International Journal of Clinical practise, entrevistó a más de 92.000 hombres jóvenes en la Universidad de Pekín, China, y reveló que de casi 25.000 que tomaron algún tipo de medicamento para la disfunción eréctil, el 51% lo hizo sin el debido asesoramiento profesional.
Esto se agrava por la circulación de formulaciones irregulares de estas sustancias, incluso en Brasil. En Internet, es fácil encontrar gomas y suplementos que no tienen autorización de la Agencia Nacional de Vigilancia Sanitaria (Anvisa) y pueden presentar un alto riesgo de contaminación. “Cuando estos medicamentos se presentan en envases que no se asemejan a un medicamento, para llegar al público joven, la banalización es inevitable. La única forma de enfrentar esto es a través de la orientación y la concienciación de la población”, señala el médico del Einstein.
La lucha contra la automedicación puede llevarse a cabo a través de campañas educativas. Además, dado que gran parte de las adquisiciones se realizan sin receta médica, el farmacéutico también debe desempeñar un papel central en esta misión, reforzando la obligatoriedad de la receta y alertando en el momento de la venta. “No se utiliza un antibiótico antes de llegar a un diagnóstico, ni se prescribe un análogo de GLP-1 sin considerar criterios clínicos. Lo mismo debe ocurrir con la tadalafila, la sildenafila y la vardenafila. Solo pueden adoptarse con indicación médica”, observa Santos.
“Un episodio aislado de fallo en la erección puede generar inseguridad, pero esto es normal y no justifica el uso sistemático de estos medicamentos”, añade el investigador de la USP-RP. Si esta situación le ocurre, busque a un médico especialista para investigar las causas y el mejor tratamiento.
Con información de Agência Einstein.
