Investigadores de la Universidad de Edimburgo han descubierto una innovadora forma de transformar el tereftalato de polietileno (PET), un plástico común destinado a vertederos, en L-DOPA, un medicamento esencial para el tratamiento de la enfermedad de Parkinson.
El estudio, publicado en Nature Sustainability, demuestra que, una vez que el plástico se descompone en ácido tereftálico, bacterias E. Coli modificadas genéticamente pueden convertir estas moléculas en L-DOPA.
Esta nueva técnica representa un enfoque sostenible que ayuda a abordar el desafío del reciclaje del PET de origen fósil, cuyos procesos actuales no son completamente eficientes. Según la Dra. Liz Fletcher, Directora de Impacto y Directora General Adjunta del Centro de Innovación en Biotecnología Industrial (IBioIC), “este proyecto destaca el potencial de la biología para cambiar nuestra forma de pensar sobre los residuos. Transformar botellas de plástico en un medicamento para el Parkinson no es solo una idea creativa de reciclaje, sino una forma de rediseñar procesos que funcionan con la naturaleza para ofrecer beneficios reales”.
La Dra. Fletcher añadió que, al demostrar que un material dañino puede convertirse en algo que mejora la salud humana, el equipo está probando que las aplicaciones biológicas sostenibles y de alto valor son tanto prácticas como efectivas. Los investigadores planean optimizar aún más el proceso y mejorar la escalabilidad de la tecnología para avanzar hacia su aplicación industrial.
Este avance se suma a otros desarrollos prometedores en el campo de la terapia neurológica. En noviembre pasado, la MHRA aprobó Leqembi IV, un nuevo tratamiento para la enfermedad de Alzheimer, desarrollado por Eisai y Biogen. Más recientemente, se ha demostrado que los residuos de pan pueden utilizarse como sustrato para las bacterias E. Coli para generar hidrógeno gaseoso de forma natural, ofreciendo una alternativa sostenible para la bioproducción farmacéutica. Asimismo, el año pasado se logró convertir residuos agrícolas, como cáscaras de arroz y mazorcas de maíz, en las sustancias médicas necesarias para producir furosemida, un tratamiento para la hipertensión.
