La actividad física podría frenar la progresión del Parkinson, según la Universidad de Cincinnati

Un nuevo estudio publicado el 7 de octubre de 2026 en la revista Neurology revela que los pacientes con la enfermedad de Parkinson que mantienen niveles altos de actividad física experimentan una progresión más lenta de sus síntomas motores y cognitivos a lo largo de un periodo de hasta siete años.

La investigación, que analizó a cerca de 300 personas con diagnóstico leve a moderado de este trastorno neurodegenerativo, aporta una perspectiva a largo plazo que los ensayos clínicos previos de corta duración no habían podido ofrecer. El trabajo fue coordinado por especialistas de la Universidad de Cincinnati y detalla que la práctica constante de ejercicio se asocia con un freno simultáneo en el deterioro del pensamiento, la memoria y la movilidad.

La división por horas de ejercicio semanal y sus resultados en el movimiento y la memoria

Para evaluar el impacto del movimiento, los investigadores dividieron a los participantes en tres grupos según el tiempo total dedicado a actividades físicas en el hogar, el trabajo o mediante pasatiempos. El primer grupo, catalogado como bajo, acumulaba menos de cuatro horas semanales. El grupo medio registraba entre cuatro y ocho horas, mientras que el grupo alto superaba las ocho horas de actividad a la semana.

Los científicos midieron el progreso de la enfermedad mediante pruebas anuales estandarizadas. Las capacidades cognitivas se evaluaron con una escala de cero a 30 puntos, donde las cifras más bajas denotan un mayor deterioro. El grupo con menor actividad física mostró un descenso anual estimado de 0,478 puntos en su puntuación cognitiva. En contraste, el grupo intermedio experimentó una caída de 0,090 puntos, y el grupo más activo registró una reducción casi imperceptible de 0,007 puntos, según los datos difundidos por la Universidad de Cincinnati.

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En cuanto a la movilidad, los exámenes se realizaron utilizando la sección motora de la escala de la Movement Disorder Society-Unified Parkinson’s Disease Rating Scale (MDS-UPDRS-III), que otorga peores puntuaciones a mayor gravedad de los síntomas. Las personas del grupo menos activo vieron sus calificaciones empeorar a un ritmo de 0,143 puntos por año. Por el contrario, los pacientes del grupo con más de ocho horas semanales de ejercicio reportaron una mejora neta con una disminución anual de 0,783 puntos en la escala de síntomas motores.

La duración supera a la intensidad y los mecanismos biológicos evaluados por los especialistas

Los análisis adicionales del estudio indicaron que los beneficios observados dependían más de la cantidad total de tiempo que los pacientes pasaban en movimiento que de la intensidad de los ejercicios. Actividades rigurosas como trotar, andar rápidamente en bicicleta, practicar aeróbicos o palear nieve no mostraron un impacto adicional superior al del volumen total de actividad física acumulada.

El investigador principal, Dong-Woo Ryu, señaló que los beneficios de la actividad física para las personas con este trastorno degenerativo pueden depender de cuánto tiempo permanezcan activos y de si mantienen el ejercicio de forma constante con el paso de los años.

Alberto J. Espay señaló según Medscape que…

A pesar de los resultados alentadores, el próprio Ryu advirtió sobre la necesidad de interpretar las conclusiones con cautela. El especialista puntualizó que el estudio no establece que el ejercicio prevenga el deterioro cognitivo o la demencia, por lo que todavía se requieren ensayos clínicos aleatorios para confirmar que estas diferencias se traduzcan en una preservación real de la autonomía cotidiana.

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Las vías biológicas y las limitaciones señaladas por los autores de la investigación

Respecto a las razones biológicas que explican el doble beneficio sobre la mente y el cuerpo, los científicos sugieren que múltiples factores actúan de manera conjunta.

Bastiaan R. Bloem indicó a Medscape: «Tiene componentes antiinflamatorios. Mejora el flujo sanguíneo. Incrementa los factores neurotróficos».

Los autores del trabajo en la revista Neurology reconocieron varias limitaciones metodológicas importantes. El diseño de la investigación fue observacional, los datos sobre la actividad física dependieron de los reportes voluntarios de los propios pacientes, y la cohorte analizada provino de un único centro médico.

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