Múnich, 14 de febrero de 2026 – En una señal de los profundos cambios que experimenta el mundo, Christine Lagarde, Presidenta del Banco Central Europeo (BCE), ha intervenido en la Conferencia de Seguridad de Múnich para abordar la importancia de las cadenas de suministro. Una década atrás, la participación de un banquero central en un evento de seguridad habría resultado inusual, pero hoy en día existe un consenso generalizado sobre que el comercio es tan relevante para la seguridad como para la economía.
La creciente interdependencia económica de las últimas décadas, caracterizada por complejas redes de comercio transfronterizo, ha pasado de ser vista como un factor de estabilidad a una fuente de vulnerabilidad. Esta vulnerabilidad se manifiesta ante disrupciones globales, como la pandemia, y ante la posibilidad de que las dependencias sean utilizadas como arma.
El personal del Eurosistema ha identificado productos difíciles de diversificar y sustituir, y ha realizado pruebas de estrés para evaluar el impacto de una interrupción repentina del suministro. Los análisis sugieren que una caída del 50% en el suministro procedente de proveedores geopolíticamente distantes reduciría el valor añadido de la manufactura entre un 2% y un 3%, afectando principalmente a los sectores de equipos eléctricos, productos químicos y electrónica.[1]
Esta evolución es especialmente significativa para Europa, la economía más abierta de las principales potencias. Ante este escenario, se hace imperativo avanzar hacia la autonomía estratégica.
Pero, ¿qué implica realmente esta autonomía estratégica? Se han propuesto diversos enfoques, como el reshoring (repatriación), el friendshoring (acercamiento a socios) y la creación de coaliciones, que se pueden resumir en tres estrategias principales:
- Independencia: reconstrucción de las cadenas de suministro en territorio nacional para tecnologías e insumos críticos, con el objetivo de reducir la dependencia.
- Indispensabilidad: fortalecimiento de las capacidades en áreas críticas e “imprescindibles” de las cadenas de suministro.
- Diversificación: distribución de las cadenas de suministro entre diversos socios para evitar que una única interrupción paralice la economía.
Cada una de estas estrategias es legítima, pero no son equivalentes y, sin una definición clara, pueden generar contradicciones. La búsqueda de la independencia en sectores donde Europa se encuentra rezagada podría generar costes que erosionen la competitividad. Por ejemplo, un intento de lograr la autonomía total en la fabricación de chips podría dar lugar a lo que un estudio denomina “campeones huecos”, empresas incapaces de competir a nivel global y que suministran tecnología inferior a industrias estratégicas.[2]
Sin embargo, depender únicamente del comercio, incluso con aliados, también conlleva riesgos, ya que la confianza en los socios no es permanente.
En algunos sectores críticos, es necesario desarrollar capacidad productiva a nivel nacional, incluso si esto implica costes temporales más elevados. En 2023, Estados Unidos realizó 114 lanzamientos orbitales, mientras que Europa solo tres.[3]
Las estrategias generalizadas no serán efectivas, ya que pueden generar costes innecesarios u omitir puntos débiles clave. Se requiere un enfoque específico, que implique comprender las fortalezas y debilidades a un nivel granular y evaluar los costes y beneficios.[4]
¿Qué significa esto para el BCE? La institución debe estar preparada para un entorno más volátil. A medida que la política industrial se vuelve más asertiva, las tensiones geopolíticas aumentan y las cadenas de suministro se ven interrumpidas, es probable que el estrés en los mercados financieros se intensifique.
Es fundamental evitar que este estrés provoque ventas forzadas de valores denominados en euros en los mercados de financiación globales, lo que podría obstaculizar la transmisión de la política monetaria. Para ello, es necesario brindar a los socios que deseen realizar transacciones en euros la confianza de que la liquidez en euros estará disponible si la necesitan.
Por este motivo, la semana pasada el Consejo de Gobierno decidió ampliar la facilidad EUREP, nuestro instrumento permanente que ofrece liquidez en euros a cambio de garantías de alta calidad.
Esta ampliación proporciona permanencia: los bancos centrales fuera de la eurozona ahora pueden confiar en un acceso continuo a la liquidez en euros, no solo en líneas temporales. Además, extiende el alcance: pasamos de un perímetro regional a uno global, permitiendo que cualquier banco central que cumpla con los criterios básicos solicite acceso, con flexibilidad en su uso. Finalmente, garantiza la agilidad: el acceso se concede por defecto, a menos que exista una razón para restringirlo, acelerando la provisión de liquidez.
Esta facilidad también refuerza el papel del euro. La disponibilidad de un prestamista de última instancia para los bancos centrales de todo el mundo aumenta la confianza para invertir, pedir prestado y comerciar en euros, sabiendo que el acceso estará garantizado en caso de interrupciones del mercado.
En un mundo donde las dependencias de las cadenas de suministro se han convertido en vulnerabilidades de seguridad, Europa debe ser una fuente de estabilidad, tanto para sí misma como para sus socios. Este es también un componente esencial de la seguridad europea, y es así como el BCE cumple su función.
