Las recientes lluvias de febrero han generado una respuesta contradictoria en personas con alergias. Si bien tradicionalmente se asocia la lluvia con una mejora en la calidad del aire y una disminución del polen, muchas personas han experimentado un aumento de sus síntomas tras las precipitaciones intensas. La doctora Marcela Santaolalla Montoya, jefa de Equipo de Alergología en el Hospital Universitario HM Sanchinarro, explica que esta aparente paradoja tiene una base médica y depende de las condiciones meteorológicas.
Según la doctora Santaolalla, la lluvia tiene un efecto dual. Inicialmente, produce un “efecto lavado” que ayuda a depositar el polen en el suelo, limpiando parcialmente el ambiente. Sin embargo, la humedad resultante de las lluvias intensas favorece la proliferación de hongos y ácaros del polvo, alérgenos que pueden empeorar los síntomas.
La especialista señala que la lluvia puede tener distintos efectos en las alergias. Además del efecto de limpieza inicial, la humedad puede aumentar la presencia de hongos y ácaros, exacerbando las reacciones alérgicas. A largo plazo, las lluvias intensas de este invierno podrían provocar un aumento de los niveles de polen en primavera debido al crecimiento de la vegetación.
Diferenciar una alergia estacional de un resfriado o una infección respiratoria puede ser difícil, especialmente en invierno, ya que los tres pueden presentarse simultáneamente. No obstante, las infecciones respiratorias suelen durar entre 5 y 7 días y se acompañan de malestar general, fiebre y dolor de cabeza con mayor frecuencia que las alergias. Los síntomas alérgicos tienden a prolongarse durante los periodos de polinización y responden mejor al tratamiento antialérgico.
La doctora Santaolalla confirma que la lluvia puede tanto limpiar el ambiente de polen como empeorar los síntomas, dependiendo de las circunstancias. En situaciones de lluvia intensa, el viento puede transportar el polen a altas concentraciones, lo que puede desencadenar crisis asmáticas.
Todos los pacientes alérgicos al polen de invierno, como el de las cupresáceas, pueden experimentar un aumento de los síntomas. Este polen es altamente alergénico e irritante, causando rinoconjuntivitis y asma, a menudo acompañados de infecciones secundarias debido a la inflamación. Debido a la amplia distribución de estas especies, se diagnostican nuevos casos de alergia cada año.
Para controlar los síntomas, se recomienda evitar la exposición prolongada al aire libre y utilizar mascarillas y gafas protectoras en días de alta exposición al polen. Es importante iniciar un tratamiento sintomático y consultar a un alergólogo si los síntomas no se controlan, para obtener un diagnóstico preciso, tratamiento adecuado y considerar la posibilidad de inmunoterapia específica.
