La longevidad se ha convertido en un tema de conversación recurrente en el ámbito de la salud, presente en podcasts, redes sociales y más. Este interés refleja un deseo fundamental de vivir bien y por más tiempo. Este instinto impulsa las conversaciones globales sobre el “envejecimiento saludable” y explica por qué, a lo largo de la historia, las sociedades han desarrollado prácticas para extender la vitalidad. Los médicos y sociólogos miden esto no solo por la edad, sino también por los “años de vida saludable”, el período en el que podemos movernos con comodidad, pensar con claridad, mantenernos activos y disfrutar de las personas que nos rodean.
Estudios de Harvard, los Institutos Nacionales de la Salud y otras instituciones de investigación importantes demuestran que los pequeños hábitos consistentes son mucho más importantes para la salud a largo plazo que los cambios drásticos. Consultamos a dos expertos locales para obtener su perspectiva: el Dr. Gregory “Reid” Lancaster, médico de familia y fundador de Ethos Modern Medicine en La Quinta, y Eric Vogelsang, Ph.D., sociólogo y director del Center on Aging en la California State University, San Bernardino.
Priorizar pequeños hábitos
El Dr. Lancaster enfatiza la importancia de los comportamientos fundamentales. “Cuanto más aprendemos en este campo”, afirma, “más nos damos cuenta de que las mejores soluciones son cosas que los humanos han sabido siempre: comer alimentos reales, dormir bien, mover el cuerpo, mantener un nivel saludable de grasa corporal, cultivar relaciones saludables, practicar la gratitud y perdonar en lugar de aferrarse a los resentimientos. Si haces estas cosas de manera constante, estarás más saludable por más tiempo y tendrás una vida mejor”.
La atención preventiva es parte de esta base. Lancaster anima a los pacientes a mantenerse al día con los exámenes de rutina, desde análisis de sangre hasta controles de cáncer. “Lo número uno es no morir innecesariamente”, dice. “Mantente en contacto con tu médico. Detectar las cosas a tiempo a menudo produce mejores resultados”.
Crear patrones de movimiento que perduren
Cuando se trata de actividad física, la estructura es clave. El día puede llenarse rápidamente de tareas, y cada una de ellas consume parte de lo que Lancaster llama nuestra “batería de decisiones” limitada. Sin un plan, incluso las mejores intenciones de hacer ejercicio pueden desvanecerse a medida que el día se llena de otras demandas.
Una rutina semanal ayuda a reducir esta fricción. Lancaster sugiere establecer una base que sea fácil de retomar incluso en días agitados, como entrenamiento de fuerza los lunes, miércoles y viernes, y caminatas los martes y jueves. “Si lo conviertes en tu base, no tienes que renegociar contigo mismo todos los días”, explica.
La responsabilidad también ayuda. Ya sea con un amigo, una pareja o una clase regular, saber que alguien te está esperando aumenta la probabilidad de que cumplas. “Si alguien te espera, la adherencia se dispara”, dice Lancaster. “Solo llega allí. Una vez que llegas, las decisiones ya están tomadas”.
También recomienda disfrutar del aire libre, especialmente en el Coachella Valley, donde abundan las oportunidades recreativas. Esto podría significar una caminata escénica, un paseo por el vecindario o unirse a la vibrante escena del pickleball. “Si el martes es tu caminata con Judy y el jueves es la noche de pickleball, lo vas a hacer”, afirma.
Expandir tu comunidad
Para Vogelsang, la conexión social es un pilar esencial, y a menudo pasado por alto, de la longevidad. “Estar enojado, estresado, guardar rencores, nada de eso es bueno para nosotros”, dice. “Pero estar con otros, especialmente de manera significativa, sí lo es”. Ya sea en una clase de ejercicio grupal, una organización comunitaria o una reunión vecinal, las actividades compartidas pueden apoyar el bienestar a largo plazo de maneras que van más allá de la propia actividad. “En una clase de ejercicio, te mantienes en forma”, señala Vogelsang, “pero también obtienes el beneficio de la conexión social”.
El voluntariado es otra vía poderosa. “Existe evidencia sólida de que el voluntariado no solo ayuda a los demás, sino que también podría ser la mejor actividad que puedes hacer por ti mismo”, dice Vogelsang. Para los adultos mayores en particular, expandir la comunidad se vuelve cada vez más importante a medida que las redes familiares disminuyen con el tiempo. Los nuevos vínculos, formados a través del servicio, el movimiento o los intereses compartidos, pueden ser un salvavidas.
