Un estudio reciente realizado en Tijuana, México, revela que la mayoría de los migrantes alojados en refugios (98.2%) están dispuestos a recibir un tratamiento de un mes de duración para la infección latente por tuberculosis (LTBI). Sin embargo, solo dos tercios (65.4%) de aquellos reclutados en “La Frontera” mostraron la misma disposición.
Los resultados indican que los migrantes reclutados en La Frontera tenían tres veces más probabilidades de dar positivo en la prueba de tuberculina (TST) en comparación con los reclutados en los refugios, pero eran significativamente menos propensos a aceptar el tratamiento. Estas diferencias podrían estar relacionadas con factores sociodemográficos, migratorios y de comportamiento.
Entre los migrantes reclutados en La Frontera, la falta de voluntad para recibir tratamiento se asoció con una percepción de buena salud y el consumo reciente de heroína. Este conocimiento puede ayudar a enfocar los servicios de detección y tratamiento de LTBI en los migrantes. Los participantes dispuestos a recibir tratamiento, tanto de los refugios como de La Frontera, generalmente consideraban el tratamiento como “importante” o “muy importante”, aunque existen diferencias en las barreras y facilitadores del tratamiento que sugieren la necesidad de intervenciones específicas para mejorar la aceptación y la adherencia en distintos grupos de migrantes.
El estudio también encontró que el consumo de heroína es un factor clave asociado con la falta de disposición a recibir tratamiento, posiblemente debido a las difíciles condiciones de vida y las dificultades para acceder a la atención médica. Se identificaron barreras como la dificultad para recordar tomar la medicación, la falta de un lugar seguro para guardarla y el temor a las autoridades. Además, los participantes que fumaban cigarrillos diariamente tenían más de tres veces más probabilidades de no querer recibir el tratamiento.
Los individuos deportados de los Estados Unidos y entrevistados en La Frontera, muchos de los cuales experimentan falta de vivienda y consumo de sustancias en Tijuana, presentan un mayor riesgo de reactivación de la LTBI, pero mostraron menos disposición a recibir tratamiento en comparación con aquellos que no habían sido deportados.
A pesar de algunas limitaciones en el diseño del estudio, como su carácter transversal y los métodos de muestreo no probabilísticos, los investigadores destacan que la mayoría de los migrantes en Tijuana están dispuestos a recibir tratamiento para la LTBI. La disponibilidad de un régimen de tratamiento de un mes facilita la finalización del tratamiento antes de que los migrantes abandonen Tijuana. Se sugieren intervenciones personalizadas, que incluyan incentivos y apoyo para la adherencia, para mejorar las tasas de aceptación y finalización.
