El sol de Soleil mâché, el tercer álbum de Marco Ema, no irradia como un astro conquistador. Más bien, se asemeja a una mascota frágil, hecha a mano, un poco deshilachada en los bordes, diseñada para tranquilizar más que para deslumbrar. De esta imagen, casi infantil, nació el proyecto musical del artista.
“Es como si el sol te reconfortara y de repente te regalara una sonrisa un poco inquietante”, comenta el artista entre risas. “Es un sol de calma antes de la tormenta, pero con la mirada puesta hacia adelante después del duelo por la pérdida de mi padre”. Este duelo, presente en cada rincón de Anyway, Mommy Love, sigue siendo un telón de fondo, aunque ahora cubierto por un deseo de optimismo.
La canción que da título al álbum tomó protagonismo desde el principio, aunque su significado no era claro para su creador. “No sabía muy bien de qué trataba”, explica. “Finalmente, alguien me ayudó a darme cuenta de que se refería al duelo por mi padre”. La canción se convierte así en un punto de encuentro entre el recuerdo, la pérdida y el proceso creativo que evoca el papel maché. “El álbum se realizó con una lógica profundamente DIY, por lo que la idea del scrapbooking no está lejos”. Soleil mâché, una imagen que protege sin blindar completamente… “Está lleno de luz, pero es frágil, como una armadura hecha a mano”, añade Marco Ema.
A diferencia de sus álbumes anteriores, construidos en torno a conceptos muy definidos, Soleil mâché se ensambló por etapas, a partir de momentos dispersos. “Estuvo lleno de pequeños fragmentos: de gira, de viaje, en las Islas de la Magdalena, de vacaciones”. Cada canción conserva una huella geográfica, casi sensorial. “Hay muchos lugares vinculados a las canciones, y los redescubro al escucharlas”. La escritura se nutrió de esta acumulación: “Muchas letras escritas por todas partes. Muchas canciones que no creía buenas, pero que finalmente están en el álbum, entre mis favoritas”, confiesa.
El método sigue siendo instintivo. Marco Ema habla sin filtros de un “vómito de texto”. Una frase llama la atención, se impone, y el resto la sigue. Una escritura automática de la que eventualmente emerge algo. Este abandono se acompaña de un cambio de actitud más amplio. “Es un álbum personal. Estoy muy orgulloso de las letras. De haber hecho las cosas por mí mismo, dejando de lado mis expectativas con respecto a la industria”, expresa el músico.
Esta postura despojada se cristaliza, entre otras cosas, en la intimidad de la canción, apodada “Plus petit que trois” por el artista: “J’dis pas qu’j’ai envie de mourir pour pas faire de peine à ma mère, mais des fois j’y pense pour vrai”, canta sobre violines melancólicos y una sencilla melodía de guitarra. Llegada tarde en el proceso, después de la grabación principal, se impuso como una evidencia. “Nos dijimos que necesitábamos algo más directo al corazón. Y esa canción apareció”, explica. Una pieza que condensa la intención del disco: escribir sin filtros, sin cálculos.
En cuanto al sonido, Soleil mâché también marca un cambio. “Nos divertimos atreviéndonos más con el rock”, explica. La co-realización (con Cédrik St-Onge) juega un papel clave en esta apertura. “Me permite acercarme a lo que quiero hacer”. Las texturas son más saturadas, las estructuras más flexibles. “Hemos roto las formas. Nos hemos hecho menos preguntas. Hemos sido más libres”.
La relación con Vendôme, el grupo que forma con Cédrik St-Onge, Tom Chicoine y Bobo Laurent, es inevitable. “Con Vendôme, bromeamos más. Partimos de una idea tonta y para nosotros, el hecho de que sea un poco tonta es una señal de que será bueno. En solitario, incluso cuando el caos se invita, siempre es claro”, cuenta el autor-compositor. Marco Ema no busca borrar esta dualidad, sino canalizarla. “No quería hacer un Vendôme 2.0. Lo que me gusta de Vendôme es el genio creativo. Tomo esa parte y la espolvoreo sobre mi proyecto”.
El álbum se construyó en un entorno igualmente poroso. “Gran parte se hizo en mi casa y en la de Cédrik. El salón se convirtió en el estudio. Alguien venía a hacer percusión. Un compañero de piso se mudaba mientras afinábamos los arreglos. Una tele-realidad de Netflix se reproducía en segundo plano mientras avanzaba el montaje. Poco a poco, se convirtió en el álbum de todos”.
Al escucharlo, Marco Ema espera dejar una sensación de calma. Los temas del exilio, el hogar y un campo soñado forman un pequeño viaje, quizás “cursi”, concede riendo, pero sincero. Hoy se siente “más confiado”, menos en lucha consigo mismo.
En el escenario, Soleil mâché encontrará una extensión visual. “Queremos que todo encaje. Un poco rock, muy fiesta de amistad”. El sol hecho a mano ocupará el centro. “Será el quinto miembro del grupo”, se ríe. Un símbolo a la vez frágil y unificador, como este álbum que es como una luz que nos hemos tomado el tiempo de dar forma con nuestras propias manos.

